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“Álbum de familia: Más de un siglo de migraciones”, de Carmen González

Conoce las historias familiares que relata la escritora en el testimonio ganador de los XXV Juegos Florales de La Unión. 


La escritora Carmen González Huguet fue la ganadora de los XXV Juegos Florales de La Unión en la rama Testimonio, con la obra “Álbum de familia: más de un siglo de migraciones”, presentado bajo el seudónimo zirivaltique@gmail.com.

“’Álbum de familia: Más de un siglo de migraciones’ es un trabajo de testimonio que narra, a grandes rasgos, las vicisitudes de una familia de migrantes, desde su España natal hasta El Salvador, y de cómo sus descendientes se establecieron en los Estados Unidos a partir de la década de los ochenta a causa de la guerra civil”, explicó la autora.

La publicación está dividida en cinco capítulos: El abuelo Antonio y la abuela María; Papá Virgilio; Mamá Gloria; La tía Julia, y La tercera generación.

Carmen González es licenciada en Letras y catedrática especializada en Literatura. Es miembro de número de la Academia Salvadoreña de la Lengua. Ha trabajado en publicidad, periodismo cultural, producción de radio, corrección de estilo e investigación.

Asimismo, fue directora de Publicaciones e Impresos (1994-1996). Formó parte del equipo redactor de guiones museológicos del Museo Nacional de Antropología David J. Guzmán (MUNA, 1997-1999).

Entre los certámenes internacionales que ha ganado están: premio Hispanoamericano de Novela, Quetzaltenango  (2017); premio Rogelio Sinán, de la Universidad Tecnológica de Panamá (2005); premio Rafaela Contreras, de la Asociación Nicaragüense de Escritoras (ANIDE, 2010) y Premio Mundial de Poesía Mística Fernando Rielo (2017).

Es gran maestre en poesía, cuento y novela corta, además de obtener los premios en las categorías de Dramaturgia (2003), Ensayo (2013) y Cuento Infantil (2016), en Juegos Florales de El Salvador.

Álbum de familia: más de un siglo de migraciones

(Fragmento)

…Todos los años en vacaciones iban mi mamá, la abuela María y la tía Julia a Suchitoto, a pasar temporadas, especialmente en Semana Santa y en diciembre, para la fiesta del pueblo. Mercedes y las tías los atendían. A mamá le gustaba verlas amasar y hornear el pan. “Cristy”, la hermana de la abuela María, se sentaba en un banco bajito a batir muchos huevos, en una gran olla de barro con un enorme molinillo, para hacer el “marquesote” y “Chabe”, la tía Chabela, hacía la “semita”, poniendo una gruesa capa de dulce de piña en medio de las dos capas de masa. Nunca dejaron que mamá tocase nada. Sólo algunas veces les ayudó a espolvorear azúcar sobre los pasteles.
En la cocina había un gran horno rústico de arcilla que calentaban con leña. Sin ningún reloj ni aparato sofisticado que midiera la temperatura, Chabe tenía la habilidad de saber en qué momento estaba listo para meter el pan y cuando debía sacarlo. Rara vez se equivocaba.
El 26 de septiembre de 1940 murió la Mamita Mercedes, la matriarca que mantuvo a la familia unida a la muerte de su hermana Carmen, y crió a las hijas de esta: la tía Cristina y la abuela María, junto con su propia hija, la tía Chabela. Mi madre contaba once años y no le dijeron nada de momento, aunque la dejaron que durmiera en el colegio, mientras la tía Julia, el abuelo Antonio y la abuela María viajaron a Suchitoto para el entierro. Mi mamá se enteró de la noticia hasta que regresaron.

Publicado el 01-05-2021.