La lectura es parte vital en la vida de un ser humano, pues con ella aprende, descifra, siente, se traslada a los lugares que los textos describen y despierta en él un espíritu que ansía expresar sus emociones, denuncias, deseos y anhelos.

Y es ahí donde encontramos a diversos escritores que nos transportan a mundos y realidades. En esta ocasión, conversamos con el poeta, escritor, gestor cultural y director de la Red de Bibliotecas Públicas, Mario Noel Rodríguez, sobre sus pasos en el mundo de las letras, las grandes vivencias en el correr del tiempo y sus nuevos proyectos que dejarán huella en la sociedad.

Originario de San Salvador, Rodríguez nació en el año de 1955. Sus padres, Francisco Rodríguez y Francisca Mejía, fueron pilares importantes en su vida y a quienes entre risas recuerda: “Yo siempre le reclamaba a mi papá por qué no me puso Francisco, sino que me tuvo que poner Mario. ‘Seríamos el trío los Panchos’, le decía a mi papá”.

Su infancia y juventud transcurrieron en el barrio La Garita, que colinda con la calle 5 de noviembre, Soyapango y Ciudad Delgado, donde observaba el trabajo de su padres: “Mi viejo era un obrero, analfabeta. El taller de mi papá estaba lleno de cuentas, sumas y multiplicaciones que aprendió en la práctica. Él solito le tocaba mantener a cuatro hijos. Mi mamá era ama de casa, crecimos con ella y mi viejo en su taller. Hay una cosa bien fuerte y doloroso en mi vida: Ella servía los cuatro platos para nosotros, el quinto para mi papá y ella comía en la cocina, cuando terminábamos ella recogía los platos y los lavaba, uno de cipote eso es tan normal, el hecho de que mi vieja no participaba de la comida que es sagrada sino que ella comía en la cocina. Hoy que lo cuento me hace llorar”.

Mientras conversaba, Rodríguez explica que uno de sus momentos más importantes fue su juventud, pues inició el camino de tomar las decisiones que marcaron toda su vida, una de ellas, el amor a la lectura y a la escritura.

El escritor indicó que su pasión por las letras despertó a los 16 años de edad, cuando estudiaba en el Instituto Nacional Franciscos Menéndez. Según él porque estaba a punto de volverse loco. “En este tiempo estaba el problema del sexo, la religión y otras cosas. Todo eso me despertó la inquietud y tuve el honor de tener una maestra de literatura, ella me empujó y me estimuló porque ella veía en mí algo”. Su maestra se llamaba Lilian Colato de Aguilar, una profesora que descubrió a un voraz lector y al que decidió regalarle libros que sacaba de la biblioteca de su esposo.

Al cultivarse en la lectura decidió hacer sus primeros esbozos de escritos, en donde tomaba como puntos centrales el tema de Dios, de la muerte y la locura, aunque también hablaba de su hogar: “Yo tengo un texto que inicia así: Escribir es sacar las sábanas y cobijas viejas del corazón”, porque para él su familia y su entorno eran gran parte de su inspiración.

Dentro de sus anécdotas cuenta: “Cuando mi madre me veía leer, me servía mi café a las 6 de la mañana todos los sábados y me decía ‘busca oficio, estas perdiendo el tiempo’, ‘mirá hijo hace algo bueno, estás baboseando ahí’. No sabía ella que me estaba cultivando”.

También, viene a su mente la alegría que sintió cuando su padre le construyó una librera pequeña, para que él pudiera guardar sus libros.

“En ese tiempo me encerraba en mí mismo. Era un chico que mucho pensaba en mi soledad, en mi interior, era dañino en cuanto a lo que me estaba pasando, andaba con unos anteojos sin lentes, solo el aro, así andaba yo a los 16 años y me ponía un collar con una tortilla tostada”, recuerda entre risas el artista que hoy en día viste boinas, camisas manga largas y pantalones a juego.

Sin embargo, su voz se vuelve más seria al afirmar: “Pero viendo el lado positivo, me estaba enriqueciendo, mi interior se estaba llenando de creatividad, porque si algo le tengo que agradecer a esos años de hipismo fue que me ayudó a descubrir el potencial creativo que uno tiene. Éramos jóvenes que no conocíamos de la vida”.

Para el año de 1973, Mario Noel Rodríguez se graduó del instituto: “De mi promoción fui el único, de los 500 bachilleres, que estudió literatura. Por mi maestra, por culpa de ella y debo agradecerle, porque la lectura fue la cura para mi locura, porque comencé a ver en ella una manera de no necesitar cosas artificiales para escribir. Fue la misma literatura la que me sanó”, comenta con mucha alegría.

Al año siguiente (1974), ingresó a la Universidad de El Salvador como estudiante y se encontró con la maestra que lo introdujo a la lectura. Él relata: “En un parcial estaba con mi maestra, con la que me había motivado a leer y escribir, y yo me acuerdo en un parcial en total silencio que ella me decía ‘pásame la 4’, y casi me hace llorar porque ella era bien difícil en los exámenes del instituto y en la universidad me estaba pidiendo copia ¡ella como alumna!, me daban ganas de quitarle el examen y contestárselo yo”.

Asegura que era un bien estudiante, que incluso era becado por la universidad. Además, le gustaba jugar fútbol y escuchar música rock.

Los años transcurrieron, sin embargo Rodríguez sentía que no aprendía lo que él deseaba. Sumado a ello, en El Salvador inició la guerra civil, que lo obligó a escapar y huir a México en el año de 1978.

“México fue un país solidario con todos los exiliados salvadoreños. Con mucha gente nos veíamos allá, que nos salvamos de suerte. Volví cuando las cosas iban avanzando por los acuerdos de paz”, destacó.

Pero si hay algo que merece ser reconocido es que, si bien es cierto que Rodríguez permanecía en el país azteca, su corazón y pensamientos se mantenían en El Salvador, ya que ‘Teresita’, como llama de cariño a su esposa, estaba al cuidado de —para ese entonces— sus dos hijos. “Su papá anda trabajando, les decía mi esposa, es decir yo nunca me descuidé en el sentido de que nunca les faltara alimento o la comunicación con ellos; en el 89, por ejemplo, para la Ofensiva, yo me acerqué más al país para cerrar filas y para cuidar a mis hijos”, declara.

El poeta asegura que en sus múltiples viajes jamás faltó a su matrimonio ni a sus hijos, pero admite que una de sus grandes dificultades ha sido el tiempo que él necesita para escribir y para hacer investigaciones. Sin embargo, agradece a su esposa que siempre ha estado para él, incluso en los momentos más difíciles de su vida.

En 1991, regresó de forma definitiva a El Salvador, donde dedicó más de cuatro años a hacer periodismo: “Yo ya era escritor, periodista, tenía reconocimiento en el medio cultural. Ubicaba en El Mundo, La Prensa Gráfica, Colatino, Diario de Hoy; ya tenía algún prestigio. También trabajé en publicidad, porque hay que decirlo, yo tenía a mis hijos y venía un tercero, pero si algo yo aprecio es que ellos nunca aguantaron hambre”.

Y entre sus escritos, la publicidad y su familia, una nueva oportunidad se abrió en su camino: En  enero de 1997, Roberto Galicia, quien fue el segundo presidente de CONCULTURA (hoy SECULTURA), lo invitó a trabajar para la institución, específicamente como director del Departamento de Comunicaciones.

Rodríguez cambia de expresión y se vuelve más serio, cierra sus manos y con fuerza señala: “La cosa cultural requiere disciplina. No tenemos que decir que los artistas son hippies o son desordenados, no, teníamos que demostrar que la cultura tiene una alta cuota de responsabilidad”.

Rodríguez recuerda que la disciplina para entregar los trabajos a tiempo era importante para él y cuenta: “Por eso es que varios artistas que estaban como diseñadores terminaron peleándose conmigo, porque yo les decía que presentáramos un trabajo, que al final de todo nosotros presentábamos al público la imagen de la institución”.

También certifica que durante su tiempo como director demostraba que cada exposición de pintura, cada recital de poesía, tenía su afiche en papel impreso, hacían el catálogo respectivo e iban a los medios para mostrar la agenda cultural. “Es decir, era una CONCULTURA como bien propositiva. Había la frescura de trabajar por el proyecto cultural y no solo eso, también demostrábamos siempre la alegría por la vida y por lo que nosotros hacíamos en nuestro trabajo”.

Luego, el artista sonríe y comienza a relatar que en su nuevo cargo ganaba menos dinero del que recibía en el antiguo, pero es ahí donde sus ojos brillan y destaca que no le importaba su salario, porque en CONCULTURA él trabajaba en el lugar donde realmente se sentía a gusto y agrega: “Mucha gente siente que es una carga, que es un martirio el trabajo y yo digo qué chivo por lo que nos están pagando, qué rico llegar a una biblioteca y echarse un café y hablar de la vida, de cómo va la lectura, porque yo soy un fiel testigo de que la lectura me he hecho más humano, definitivamente, no fue otra cosa, nada me ha hecho tan sensible como la lectura”.

Años después se convirtió en el en director del Departamento de Letras, donde realizó diversas actividades a fin de cumplir objetivos, como fomentar el hábito de leer, impulsar a los autores salvadoreños, promover valores con la lectura, realizar festivales y conversatorios para estudiantes, entre otros.

Todo esto le sirve como respaldo para ocupar un nuevo puesto en SECULTURA: “Cuando Silvia Elena Regalado me propone que si me quiero hacer cargo de la Red de Bibliotecas, siempre y cuando presentara mi currículo y concursara con otros candidatos, yo acepto pero además le presenté un proyecto que a ella le pareció mucho para que se trabajara”, comentó.

“Aquí yo no voy a hacer algo que no es primera vez que yo voy a hacer, porque yo todo el tiempo he trabajado con las bibliotecas. El hecho de estar en el Departamento de Letras me vincula ¿Y qué es lo que hay en las bibliotecas pues? Literatura. O sea, para mí no es llegar a un lugar que no entiendo qué hablar sino que voy a hablar con mis amigas y amigos bibliotecarios, porque durante años mi trabajo ha sido con las bibliotecas, no es una cosa que siento difícil, para mí es familiar la biblioteca pública” recalcó.

Por todo esto y por la decisión del concurso, en mayo de 2017, Mario Noel Rodríguez fue nombrado como Director de la Red Nacional de Bibliotecas Públicas, con un proyecto bajo el brazo que tenía la esperanza de trabajarlo desde el primer día en sus funciones.

Rodríguez cuenta que esa idea nació un año antes, cuando asistió a un evento en Bogotá, relacionado a la lectura en ese país: “El proyecto que yo le presenté fue de un plan de lectura que tuviera líneas de acción bien definidas, no quería yo inventar nuevas cosas sino que las actividades de arrastre que se han venido haciendo en las bibliotecas públicas, más incorporarle algunas cosas que yo ya estaba haciendo en el Departamento de Letras”, dijo muy emocionado de revelar todo el proyecto.

“Entonces yo lo que le planteé fue fusionar lo que ya se hace y por otro lado está el convenio de Mecanismos de Buenas Prácticas, con Colombia y con la Agencia de Cooperación de la Presidencia de Colombia”, detalló. Además dijo que parte de los resultados de esos mecanismos estaba en la capacitación a cargo de una especialista colombiana sobre el tema de “Biblioteca-escuelas”.

Siguió motivado para hablar sobre las tres líneas de acción que incluyó en su propuesta: “La primera es estar en la biblioteca, para hacer un diagnóstico. ¿Cómo está la biblioteca? ¿Qué ha pasado en la biblioteca? ¿Cómo se siente el bibliotecario? ¿Qué otras cosas podrían generarse al interior de una biblioteca?”, porque para él era necesario ubicar los puntos a favor y en contra de las 33 bibliotecas con las que cuenta la red, once de las cuales son coordinadas por SECULTURA y el resto financiadas por alcaldías o por grupos civiles.

“Segunda línea de acción es la formación, porque muchos bibliotecarios no tienen formación académica. Justamente vamos a apoyar en la formación del personal: Yo cuento con ese personal”, citando nuevamente las capacitaciones.

“La tercera línea de acción es la proyección de la biblioteca en la comunidad. Yo siempre he hecho el chiste de que cuando uno llega al caserío hay múltiples locales, pero nunca una biblioteca, ¿por qué? Porque la gente ve la lectura como un esfuerzo extra, porque nos guste o no la lectura requiere concentración”. Es aquí donde insiste que la biblioteca tiene que tener un componente de promoción en la comunidad, que esté vinculada a la alcaldía, a las iglesias, a los grupos de adultos mayores, a la policía, a los veteranos.

Su idea es que la biblioteca se vea más allá de solo un recurso para hacer tareas y que se convierta en un ente vivo en la comunidad, porque es una inversión del Estado en bibliografía, en tecnología, en limpieza y porque al final de todo ese edificio tiene que ser parte de la educación de forma integral de la sociedad.

También planteó que dentro de ese plan seguirá impulsando los trabajos que ya se venían haciendo en la red, tal es el caso de la Mochila Viajera y La Hora del Cuento, pero también quiere vincular nuevas ideas para poder tener mayor cobertura en el país, porque si algo tiene claro es que debe haber más protagonismo, no solo como director sino que como Red de Bibliotecas Públicas.

Entre sus explicaciones se ríe y afirma: “Yo quiero que la gente piense ‘voy a ir a la biblioteca para crecer y conocer el mundo’, porque ese es el papel de la biblioteca: que el ciudadano crezca; no aquel que pasa ocho horas dándole al whatsapp, esa no es formación. Necesitamos volver al calor humano y la lectura permite eso”.

Otro de sus grandes esfuerzos será el de formar alianzas con más alcaldías de nuestro país e inculcar el componente cultural en cada una de ellas. Entre los municipios que ha visitado se encuentran Suchitoto, San Vicente y Santiago Texacuangos.

Asimismo, está consiente que si se logran estos esfuerzos y se consolidan se hará un gran apoyo para la lectura: “Si uno no lee, no crece. Está comprobado y no es que ¡ay, el intelectual, el culto!, es que no solo hay que hablar de una cosa, también hablemos de cultura, eso es muy importante”, expresa.

“Los adultos nos preocupamos porque los jovencitos no terminan de leer ni un libro. Los libros que les dejan en la escuela llegan sin leerlos al examen, solo sacan el resumen y eso es miseria, porque la lectura construye el interior, construye el intelecto de las personas y no es que me lo haya aprendido en la universidad. Lo he comprobado con mi experiencia, que la lectura es como ir poniendo un ladrillo al edificio de nuestra vida. Yo así siento que ha sido la lectura en mi vida, construir un edificio permanente que se va renovando.”

Mario Noel Rodríguez también tiene un gran reto que desea impulsar: el Plan Nacional de Lectura y Escritura Puesiesque, término que comenta entre risas, lo usa en alusión a Salarrué, que se presentó a la institución el 21 de agosto de este año, cuando iniciaron a darse aportes para este documento.

Aclara que SECULTURA buscó asociarse aún más con el Ministerio de Educación y otras organizaciones privadas y públicas, a fin de vincularse todos con la lectura y que se trabaje como país.

“Está UNJOPO, que es la organización Nuevos Horizontes para los Pobres, CESAL, Contextos, Cámara Salvadoreña del Libro, la Asociación de Bibliotecarios de El Salvador, el Liceo Francés, la Gremial de Trabajadores del Sector Infantil”, aseguró. Todas estas instituciones que atendieron el llamado van a formar parte de este Plan Nacional de Lectura, además de todas las que deseen sumarse. “Mi idea es sumar y no restar”, enfatiza.

También señala que arrancó el plan con el cumulo de información y de lecturas, pero que todos los aportes de las instituciones van a ser tomadas en cuenta: “Somos organizaciones que pertenecemos a una red de lectura, ya no somos solos. Este plan ya no lo va a hacer solo la Secretaría de Cultura, sino que va ser un plan coordinado con diferentes instancias. Cuando lo tengamos listo se va presentar”.

Dentro de los temas planteados se encuentran las maratones de lectura, la agilización del préstamo a domicilio, el acercamiento de las bibliotecas a las escuelas para hacer fomento de lectura y los festivales de literatura infantil. “Nuestros bibliotecarios han hecho Mochila Viajera, pero lo que queremos es que se conviertan en entes más activos en la comunidad”, indica.

Este plan busca, además, apoyar a escritores salvadoreños. Rodríguez comenta que SECULTURA tiene a la Dirección de Publicaciones e Impresos, que también forma parte de este Plan de Lectura, y es por ello que los escritores tendrán que presentar el proyecto para que el Estado, con los recursos que tenga, pueda publicar y llevar estos textos hasta las bibliotecas.

“El plan es una bonita sombrilla donde caben los escritores de literatura infantil, los adultos mayores, las ferias del libro. El plan es esa sombrilla donde puede caber toda iniciativa que promueva la lectura y las puertas están abiertas. Traiga su proyecto, luzcámonos como país. Yo soy de la idea de abrir las puertas y que quepamos los que podamos caber”.

Sostiene que en noviembre quiere presentar la propuesta a la titular de Cultura, para que ella revise y haga las observaciones, para presentarlo a la mesa de instituciones que apoyaron el plan, para que también lo validen y de esa manera poderlo lanzar al público.

“Que el MINED tome en cuenta el plan, no solo como ministerio sino que hay un sector de la sociedad que está solicitando que los escritores de literatura infantil tengan protagonismo en las lecturas que les lean a los chicos. Tenemos toda la voluntad de que esto va suceder, que va funcionar y queremos vincular el MINED a este esfuerzo de la lectura, pero para eso hay que ponerse a trabajar ya”, señala.

Para finalizar, Rodríguez explica qué esperaba realizar a corto y largo plazo: A corto plazo, que las bibliotecas retornen la confianza en sí mismas, eso es clave con las 33 bibliotecas. Que ellos vean que hay un esfuerzo por ponerle alegría y encanto a las bibliotecas.

A largo plazo es vincular a la sociedad completa, que la empresa privada también se vincule a la lectura. Esto es un tema de conjunto: Sector privado y sector público deben unirse para que los jóvenes vuelvan a la lectura, porque hay un exilio interior. “Los jóvenes están encantados con su última tecnología de punta, yo no estoy haciendo crítica, yo estoy haciendo un llamado a volver a la lectura. La lectura construye, la tecnología nos vuelve seres zombis. Ahí andamos nosotros con nuestro teléfono luciéndonos, pero yo no veo un chico que ande con un libro bajo la axila”, comentó.

“Entonces es una preocupación de país, no es de Mario Noel loco, ‘como él es intelectual, quiere que todos seamos como él’. No, yo no quiero que sean como yo, yo soy como soy y no me parezco a nadie. Yo quiero que la juventud vuelva a los libros, esa es una preocupación de país”, indica en tono jocoso.

“Traemos una experta de Colombia que nos cuente su experiencia y vamos a traer expertos de México, de España, para que nos cuenten qué están haciendo. En esa medida vamos creciendo nosotros como país. Entonces yo espero consolidar este plan con las diversas organizaciones privadas y públicas para que el próximo gobierno continúe apoyando, porque no es un proyecto de cinco años sino que debe convertirse en un proyecto a largo plazo”, amplió.

Para finaliza, el funcionario enfatiza: “No es un proyecto puntual, no, pero debemos dimensionar la lectura como placer, no como obligación”.

 

Acerca del autor

Poeta, escritor, gestor cultural. Su obra poética se encuentra dispersa en antologías y revistas de América Latina y España. Fue director y conductor del programa radial Verso Libre, fundador del grupo literario Tareya, del grupo artístico Cofradía de San Simón, organizador del Encuentro Centroamericanos de Escritores por la Paz, presidente del Foro de Escritores de El Salvador, miembro del grupo literario La Casa de Juan Caminos. Ha sido invitado al X Festival Internacional de Poesía de Medellín. Ha merecido importantes premios hispanoamericanos: En dos oportunidades el de Poesía, en Quetzaltenango, Guatemala (1997, 2008), así como el de Caja de Compensación Javiera Carrera (Chile, 1984).

Dentro de sus publicaciones se encuentran “Crónica de un actor” (1979), “Agenda” (1983), “Poesía rosada” (1984), “Parábolas a la luz de la vida” (1990), “Por aquí pasaba un río” (1991), “Hambre de vivir” (1992), “Epitalamio” (1992), “La costilla” (1994), “Algo tienen estos años” (1997), “Estado Vallejo” (Premio Hispanoamericano de Poesía, Quezaltenango, 1997); “Agítese antes de leer” (2001); “Breve, breve que la vida es breve” (2003); y “Ruiseñoras del Edén” (2011).