En la víspera de cumplirse 36 años desde que niñas, niños, mujeres y hombres perdieron la vida en las masacres  ocurridas en El Mozote, en diciembre de 1981, la Secretaría de Cultura de la Presidencia a través del Museo Nacional de Antropología Dr. David J. Guzmán (MUNA) y el Instituto Salvadoreño para el Desarrollo de la Mujer (ISDEMU) inauguraron —el 1 de noviembre— la exposición itinerante “La memoria de las luciérnagas. Testimonios de mujeres sobrevivientes de El Mozote y sitios aledaños”.

En cumplimiento al Programa de Reparaciones a las Víctimas de Graves Violaciones a los DD. HH. Ocurridas en el Contexto del Conflicto Armado Interno (Decreto Ejecutivo 204/2013), como parte de las medidas de dignificación en el ámbito de la cultura, las instituciones decidieron honrar a las víctimas con esta exposición. Además, responde a la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH), emitida en el año 2012, en el caso Masacres de El Mozote y Lugares Aledaños, en el cual se condenó al Estado salvadoreño.

La muestra es fruto del diálogo entre Gobierno y víctimas, quienes crearon el Programa de Desarrollo Social de El Mozote, que incluye medidas de reparación tales como la recopilación de la memoria.

El evento fue presidido por la presidenta del ISDEMU, Vanda Pignato, y la directora ejecutiva, Yanira Argueta, junto al director del MUNA, José Heriberto Erquicia, y la representante de la Asociación Promotora de Derechos Humanos de El Mozote, María Dorila Márquez.

“La exposición recopila la memoria histórica de nuestra nación, como un elemento fundamental en el proceso de justicia y reparación. El Mozote, como lugar de memoria, queremos abrirlo al conocimiento y comprensión de la historia reciente de El Salvador. Asimismo, la muestra busca expresar las masacres de El Mozote y otros lugares nunca más, vengan de donde vengan”, explicó Erquicia.

Por su parte, la titular del ISDEMU recordó el compromiso que tiene el Gobierno, a través de la institución que dirige, por “visibilizar a estas mujeres valientes, protagonistas de esta historia que aún no está en los libros» y aseguró: «No vamos a permitir que ustedes sean olvidadas; tenemos como objetivo hacer visibles a las heroínas invisibles de este país”.

De igual manera, Dorila Márquez agradeció el trabajo de las instituciones de Gobierno por preservar la memoria histórica y mejorar la calidad de vida de las víctimas: “Las mujeres de El Mozote  y lugares aledaños hemos sufrido bastante, pero me da mucha alegría saber que a las mujeres se nos escuchó y prueba de ello es esta exposición”.

Márquez también instó a otras víctimas que aún no han sido reconocidas como tales a luchar por la verdad: “Hay masacres que no se han dado a conocer y a esa gente le digo que tengan el valor que tuvimos nosotras de luchar tanto, a pesar del sufrimiento; tengan el coraje de dar sus testimonios para que  el mundo vea que es una realidad lo que vivimos en esas masacres”.

“La memoria de las luciérnagas”, abierta al público hasta 26 de noviembre en el balcón del museo, recopila los testimonios de los hechos ocurridos en diciembre de 1981, bajo la mirada de las mujeres como protagonistas. La muestra fue curada por la antropóloga del MUNA, Ninel Pleitez, y las juristas de ISDEMU, Mariana Melara y Marcela Manzano.

Gracias a recursos fotográficos, bordados, poemas y canciones elaboradas por sus protagonistas  durante los procesos de recuperación de memoria efectuados por ISDEMU, el público asistente podrá conocer el valor que cada historia tiene para la humanidad, pues es un acto de fortaleza y lucha contra el olvido. Asimismo, reconoce el papel de las mujeres en la conservación de la memoria y la transmisión de la misma, de generación en generación.

“Sin duda, las historias que acá se han recuperado nos sumergen en las profundidades de la crueldad humana. Después de que la masacre fue negada muchas veces, nos encontramos acá en San Salvador, en el Museo Nacional, para reconocer la verdad y así aprender del pasado. Esto no solo les ocurrió a la gente en el norte de Morazán, no solo se trata de lo que le pasó a una persona aislada, sino que estos testimonios son nuestro patrimonio y forma parte de nuestra historia”, aseveró la antropóloga.

Pleitez agregó que hace falta mucho trabajo para “sanar las heridas» que la guerra dejó, pero condidera que la exhibición busca ser luz: “Como la luz de las luciérnagas para guiar nuestro camino de esperanza de un futuro mejor”.

El evento incluyó la participación de María Reyna Díaz, oriunda de La Joya, quien dio lectura al poema “Anoche soñaba”, autoría de Crecencia Chicas, y de Felipa Ramírez, originaria de La Joya, quien recitó el poema de creación colectiva “Verde mañana”.

Asimismo, se interpretó la canción “Manos de mujer”, que explica la vida de las mujeres antes y después de la masacre. La letra es creación colectiva de las sobrevivientes de la masacre, realizada durante los taller psicosociales. La interpretación de la misma estuvo a cargo del dúo Promusika, conformado por la maestra cubana Enid Claramunt y el guitarrista salvadoreño Maikov Álvarez.

La inauguración contó además con la asistencia de mujeres de El Mozote, La Joya, Cerro Pando, Cerro Ortiz, Arambala, Jocote Amarillo, Los Toriles, El Pinalito y Ranchería, así como público interesado.

Paralelamente a su estadía en el museo, una réplica de la muestra inició su itinerancia por el departamento de Morazán, el pasado 14 de octubre, en el caserío El Potrero, cantón La Joya, municipio de Meanguera.

El sábado 21 de octubre continuó el recorrido de memoria en la casa comunal del municipio de Arambala. El 4 de noviembre, en la cancha comunal de El Barrial y, el 11 de noviembre, se presentará en  un festival organizado en El Mozote. La muestra estará expuesta del 30 de noviembre al 7 de enero de 2018 en el Museo Regional de Oriente.

Sobre la masacre

La Masacre de El Mozote y Sitios Aledaños —ocurrida en diciembre de 1981— se ejecutó en el marco de un operativo que cubrió la zona norte de Morazán, afectando la población desde Arambala hasta los caseríos de Cacaopera. Fue uno de los exterminios más grandes en la historia del país, pues se han registrado alrededor de un millar de víctimas asesinadas, incluyendo un alarmante número de niños y niñas. Los que sobrevivieron tuvieron que esconderse, desplazarse forzosamente; además, algunos niños y niñas fueron desaparecidos por el Ejército.

Esta matanza fue parte de la estrategia “Tierra arrasada”, que consistía en no dejar nada con vida. Se planificó asesinar personas, animales, quemar cultivos y casas. Se justificó bajo la figura de búsqueda de campamentos guerrilleros, sin embargo la mayoría de víctimas fueron de la población civil.

Muchas de estas mujeres sobrevivientes cuentan cómo sucedió la matanza, para testificar que estos hechos son reales, y exigir justicia y reparación de las personas que quedaron.

En 1990, tres sobrevivientes de la Masacre de El Mozote, entre ellos Rufina Amaya, denunciaron la matanza en un juzgado de San Francisco Gotera, Morazán. El caso está ahora en juicio.

En 2012, la Corte IDH decretó sentencia del caso Masacres de El Mozote y Lugares Aledaños, y condenó al Estado salvadoreño, tras lo cual se creó un programa de reparación mediante decreto ejecutivo.