Con cinco décadas de servicio, forma parte del valioso recurso humano del Ministerio de Cultura. Es bailarín, mimo, productor artístico, animador cultural, investigador popular y conferencista folclórico. Hablamos de José Ángel Cañas, conocido como Pepe, un hacedor de la cultura que nació el 14 de enero de 1950 y posee una larga vida artística nacional e internacional.

La vinculación de este extrovertido hacedor de cultura con el arte fue como un juego, cuando desde niño organizaba a sus vecinos en uno de los barrio del municipio de San Marcos, San Salvador, para presentar veladas artísticas en el patio de su casa.

Dentro de su formación se encuentran estudios en etnografía y danza folclórica (1966) en el Instituto de Ciencias y Artes de Chiapas (México); el Bachillerato en Artes Escénicas (1972) en el Centro Nacional de Artes, San Salvador; Arte Dramático (1975) en la Universidad de Costa Rica Rodrigo Facio y el Profesorado en Letras (1994) en la Universidad de Educación Integral.

Cañas es testigo de la transformación del ahora Ministerio de Cultura desde su creación. Su primer trabajo fue en la Dirección de Artes Escénicas y Cultura Juvenil del Ministerio de Educación —en 1969—, se desempeñó como encargado de efectuar festivales de danza juveniles en el ámbito nacional.

En este andar por el arte, ingresó como gerente técnico del Teatro Nacional de San Salvador (TNSS) —en 1977—, durante la remodelación del edificio, época en la que fue becario del programa Juventud Canadá Mundo para estudiar un posgrado en Producción de Teatro. 

Muy entusiasta recuerda que, a su regreso al país, se incorporó a la producción de la obra “La ópera de los tres centavos”, de Bertolt Brecht, puesta en escena con la que reinauguró el TNSS.

Tantas eran sus habilidades y pasión por las tablas que fue nombrado como director del teatro capitalino —por primera vez 1978—, con presupuesto propio y un equipo de 160 empleados, entre costureras, artesanos teatrales, sastres y regentes de escena, entre otros.

Tomando las riendas del monumento nacional, emprendió el proyecto El Teatro Nacional Descentralizado, una iniciativa que compraba producciones y las presentaba en el sistema de cines nacionales; además, de manera simultánea impulsó talleres de teatro en los municipios y una nutrida programación interna en el espacio cultural.

Para 1983, sus funciones laborales cambiaron y pasó a formar parte de la Red de Casas de la Cultura, con el nombramiento de jefe regional de Occidente, asignación que le demandaba mucho tiempo y le permitió poner en práctica sus habilidades. Fue así que decidió cambiar de lugar de residencia, de San Salvador a Santa Ana, para estar cerca de las comunidades.

Estando en sus nuevas asignaciones, Cañas desarrolló estudios de factibilidad para las Casas de la Cultura y se preocupó por el rescate de las danzas tradicionales, como: “Los talcigüines”, de Texistepeque, y “El toro de Apaneca”, entre otros.

1095 días bastaron para que este polifacético artista demostrara sus conocimientos en el occidente de El Salvador y, con 33 años de edad cargando en sus hombros, regresara a la capital para ser nombrado por segunda ocasión como director del Teatro Nacional.

Él rememora: “Regresé en 1986, es justamente el periodo de la guerra y con una historia triste del personal del TNSS; a esto se suma el terremoto, que dañó el edificio y estábamos sin equipos, total crisis. Abro en el lobby y Café Teatro un programa para la niñez los días domingos, a las 9:00 a. m.”

Cañas recuerda que en esa época impulsó una programación diversificada, echando mano de sus contactos en el cuerpo diplomático, con quienes gestionó espectáculos de danza y teatro; también, logró una donación de equipo con la Embajada de Japón, que renovó la isla de control del Teatro.

“Una época muy dura”, dice el artista y agrega: “Empecé a recibir amenazas, pedían mi renuncia, establezco un compromiso con la Embajada Americana, les digo ‘quiero una obra en español de alta calidad’. El día de la presentación, después de 400 llamadas de que no la pusiera, estallaron una bomba frente a mi oficina”.

Lo más difícil de la guerra civil la pasó en el TNSS. Tras la firma de los Acuerdo de Paz —1992— y debido a sus habilidades en las artes escénicas, le dieron una nueva tarea: La animación cultural para la formación de líderes comunales, cargo que desempeñó con el equipo de trabajo de la Red de Casas de la Cultura.

Al recordar su caminar por la cultura, Cañas reflexiona: “Yo no tengo compromiso con ningún partido, lo tengo con El Salvador, amo ‘Los emplumados’, ‘Los chapetones’ y los Teatros Nacionales de San Salvador, Santa Ana y San Miguel”.

“Me preocupa que estoy llegando al final de mis días y que nadie se va a quedar con lo que yo sé. Son 19 libros que he escrito en mi vida todos sobre cultura popular: Uno no está terminado, sobre técnicas de teatro, un diccionario que se llama ‘El teatro desde la A hasta la Z’, que tiene que ver con los términos que se utilizan en Centroamérica para la puesta en escena; cuatro obras de teatro escritas para niños con títeres y ya”, concluye el gran Ángel Cañas, mientras resguarda en la mano derecha los atestados de su trayectoria, acompañados de una grabadora Olympus, una USB, una pequeña libreta, su bolígrafo y varios ejemplares de libros viejos.

En la actualidad, Pepe, con sus múltiples facetas por la cultura nacional, se desempeña en la Dirección General de Artes. Trabaja en una puesta en escena sobre las danzas tradicionales del oriente y centro del país; también, desarrolla una investigación sobre la función social del folclor.

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