Hablar de nuestras Casas de la Cultura es incidir, fortalecer y fomentar las tradiciones y las costumbres de El Salvador; es dialogar con todos los actores locales y la población estudiantil sobre la recuperación de la memoria histórica y el impulso de la creatividad artística.

Sello que está marcado en cada persona que dirige o administró alguna Casa de la Cultura y que, en la actualidad, comparte ese brote de conocimientos territoriales desde otras murallas culturales.

Para conocer un poco del quehacer de estos centros culturales, conversamos con Juan Francisco Arias Pacheco, conocido por sus amistades y compañeros como Pacheco, quien es el actual encargado del área de Servicios Educativos y Culturales del Museo Regional de Occidente, con más de 26 años de servicio a la institución.

“Inicié allá por 1992 —9 de junio—, como bibliotecario de la Casa de la Cultura de Atiquizaya, Ahuachapán. Luego fui trasladado a la Casa de la Cultura de Texistepeque, Santa Ana”, rememora Pacheco, de 52 años de edad.

De acuerdo a este santaneco, una de sus grandes satisfacciones es haber contribuido en la adquisición del inmueble de Texistepeque, mediante un comodato para diez años que significó un gran logro: “Al adquirir el inmueble que era propiedad del Ministerio de Agricultura y Ganadería, impulsamos diferentes talleres vocacionales que sirvieron como un bastión para el desarrollo del municipio a través del rescate de las distintas manifestaciones artísticas”.

En esos andares culturales logró administrar la Casa de la Cultura del municipio de El Congo, Santa Ana. “Allí logré la gestión de la escritura del terreno y el financiamiento para construcción del inmueble que impulsaría la identidad cultural de la localidad. Lo logré, todavía funciona y es propiedad del ministerio”, recuerda Pacheco.

Recuerdo que hilvana con el de la gestión de fondos que también hizo, para la Casa de la Cultura de San Antonio Pajonal, Santa Ana, zona donde echó a andar proyectos artísticos para beneficio de la juventud.

“San Antonio Pajonal significó un reto, me tocó conseguir financiamiento para la compra de materiales. Una tarea bien complicada, pero logré entablar comunicación con familias salvadoreñas que residen en Washington, Los Angeles y New York. Ellos y ellas depositaron su confianza y de esa manera mantuve a flote el inmueble, impulsé una biblioteca y un taller de mecanografía”, dijo este educador y promotor cultural.

Posteriormente, Pacheco fue trasladado a la Casa de la Cultura de El Porvenir, donde su quehacer por el arte y la identidad cultura sumó diez años. Esta cerró en 2012, por decisión de sus superiores, quienes justificaron que existían otros espacios cercanos —Parque Arqueológico Casa Blanca y Casa de la Cultura, ambos en Chalchuapa—.

De acuerdo al promotor cultural: “Trabajar en las Casas de la Cultura es importante porque el principal pilar de su funcionamiento son las comunidades más vulnerables. Desde allí la cultura se vive y ve de manera constante a partir de la gente y su entorno. Es decir, ellas y ellos son los gestores culturales y los actores de su propio desarrollo, uno nada más es un mediador de ese proceso”.

“Todo lo que he aprendido ha sido gracias al conocimiento de la gente. Hoy lo aplico en el Museo Regional de Occidente, Santa Ana. Soy responsable de orientar a estudiantes, personas adultas mayores y a diferentes usuarios sobre la memoria histórica de la zona, sobre sus tradiciones y costumbres, así como la identidad monetaria de nuestro país”, explicó Pacheco.

Dentro de sus funciones está impulsar proyectos de creación artística y talleres lúdicos con estudiantes de parvularia de Santa Ana, Sonsonate y Ahuachapán; desarrollar conversatorios con bachilleres y universitarios sobre diferentes temáticas, en los que participan especialistas en medioambiente, antropología y arqueología, entre otros; asimismo, orientar e instruir a los usuarios del museo sobre las historia monetaria de El Salvador, con monedas y billetes  originales.

“En la actualidad, atendemos entre 500 a 1000 estudiantes mensuales, cantidad que cambia según la disponibilidad de los centros escolares y solicitudes que hacen. Vienen desde Sonsonate, Ahuachapán y San Salvador, hasta de la Universidad de Oriente, San Miguel”, sostiene Pacheco y agrega: “Mi gran satisfacción es servirle a la gente, principalmente a la  niñez. Es un placer ver la cara de una niña y de un niño cuando vienen al museo, se siente como en otro país”.

“Mi trabajo no queda solo aquí. Luego, los llevo al centro histórico para que conozcan nuestro teatro, el Palacio Municipal y la Catedral de Nuestra Señora de Santa Ana. No soy un personaje serio, me gusta que se lleven un buen recuerdo de nuestro trabajo; la mayoría interactúan conmigo y se toman fotografías”, expuso este educador, con un brillo de alegría en sus ojos.

De igual manera, compartió esfuerzos conjuntos con otras instancias para posibilitar el acceso al museo de la niñez de escasos recursos o centros escolares que no tienen los recursos: “Hacemos logística con la alcaldía, nos dan el transporte para movilizarlos de los cantones y los caseríos de Santa Ana; nosotros habilitamos los miércoles, jueves y viernes para que entren gratis, el único requisito, venir uniformado y un mutuo acuerdo con los docentes y directores una semana antes”.

Con el resto de la población, explicó que los horarios de atención son de martes a sábado, de nueve de la mañana a doce del mediodía, y de una a cinco de la tarde; el costo de la entrada es de US$1.00 a los centroamericanos y de US$3.00 a los de otras nacionalidades.

Finalmente, este promotor, educador y servidor público invitó a la población a que visiten el Museo Regional de Occidente, para que conozcan el patrimonio cultural de Santa Ana, Sonsonate y Ahuachapán, así como nuestra historia monetaria.