La maestra Xucit Verónica Cuestas Bran, conocida en el mundo artístico como Xucit Cuestas, es una mujer que superó las dificultades para cumplir el sueño de ser una bailarina de danza clásica.

Empezó a bailar a los seis años de edad; a los doce, se alejó de sus aspiraciones como bailarina debido a la guerra civil que vivió el país; siete después, se reincorporó a los estudios de danza clásica, lo que la llevó a Ecuador, donde formó parte de la Compañía Nacional de esa nación e inició su carrera docente.

Años más tarde, regresó a El Salvador para estar junto a su familia y trabajar como maestra en la Escuela Nacional de Danza Morena Celarié (END) y en la Universidad de El Salvador.

Para conocer más sobre la maestra Cuestas, hablamos con ella sobre el tema en el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Danza.

¿Dónde y cómo comenzó a bailar?

Comencé mi carrera en la danza a los 6 años de edad, en la Escuela Nacional de Danza Morena Celarié. La inquietud me despertó después de ver en la Televisión Educativa, en los canales 8 y 10, “El lago de los cisnes”; recuerdo haberle dicho a mis padres que quería ser bailarina.

¿Por qué bailar y no dedicarse a otra profesión?

Podría haberme dedicado a mi profesión como administradora de empresas o a lo mejor podría haberme convertido en atleta de alto rendimiento en el taekwondo, donde obtuve medallas y preseas para El Salvador durante mi adolescencia. Sin embargo, como mencioné antes, fue “El lago de los cisnes”, el que despertó mi pasión hacia la danza clásica.

¿Cuál es la pieza o personaje que recuerde más que le haya gustado durante su carrera?

Han sido varias las que me han gustado. Entre las que puedo mencionar con mucho aprecio están: “Ayer, hoy y siempre”, de Sonia Franco; “Pájaros pintados”, de Francisco Castillo; “El mandarín maravilloso”, del recordado coreógrafo guatemalteco Richard Devaux; “Sin hacer tango”, del mexicano Gerardo Delgado; y “Festival de la flores en Genzano”, remontada por el maestro Eduardo Rogel.

¿De dónde viene la inspiración para realizar los montajes de las obras?

Las libertades en cuanto a experiencias y emociones las dejo para cuando toca crear una obra relacionada con el neoclásico o el contemporáneo. Cuenta mucho la experiencia que uno haya adquirido con los años y la interacción con distintos directores artísticos. En el caso de las piezas clásicas, lo que suele hacerse son reinterpretaciones de obras ya montadas, que requieren de un vasto conocimiento técnico. La obra debe cumplirse al pie de la letra o los bailarines no podrán contarnos dicha historia.

¿Cuáles son algunas de las limitaciones con las que se puede encontrar un bailarín o bailarina a la hora de ejecutar una pieza?

Sus mismas condiciones físicas, lesiones, conflictos de tiempo entre trabajo y estudio, su edad, el apoyo de la familia e incluso la imposibilidad de poder continuar con la danza por tener que cumplir otras prioridades elementales. Muchos abandonan la idea de ser bailarín.

¿Con cuáles se encontró usted?

En mi caso, no contaba con las condiciones anatómicas necesarias para practicar danza clásica, por lo que debí esforzarme y trabajar más que los demás y conseguir así destacarme. Es decir que mi complexión física no era la ideal y debí someterme a un régimen alimenticio estricto.

¿Qué es lo más difícil al momento de interpretar una coreografía?

A mí me preocupaba mucho al momento de estar en el escenario el que las dificultades técnicas o el virtuosismo propio no salieran como se había ensayado. El que esas partes difíciles y complejas en las que había ensayado arduamente durante semanas no pudiesen ser ejecutadas en el escenario.

¿Cuántas horas al día hay que ensayar?

En mi vida como estudiante de la danza y ejecutante hacía alrededor de 5 u 8 horas al día, entre clase, entrenamiento físico y ensayos en diferentes coreografías. A veces eran más horas o incluso fines de semana completos. En la danza siempre es bueno dar la milla extra.

Descríbame uno de sus días como bailarina y uno como maestra.

Como bailarina comenzaba el día yendo al gimnasio de 6:30 a 8 de la mañana. A las 9 de la mañana, entraba a la clase técnica y después venían los diferentes ensayos de las coreografías que presentaríamos hasta llegar a las 2:30 de la tarde. Posteriormente, me quedaba un espacio para limpiar alguna variación con la que tenía dificultad. Dependiendo del día de la semana, las presentaciones podrían ser de una a dos funciones diarias. Eran días muy intensos.

En la actualidad, en mi rol de maestra, inicio el día con la clase de las 8 de la mañana; luego llega el momento de crear o retomar ensayos de alguna coreografía hasta eso de las 11:30 de la mañana. Por la tarde, de 1 a 2, tomo los ensayos de la Escuela Nacional de Danza; también doy clases de técnicas clásicas y sigo con montaje de repertorio hasta las 8 de la noche.

¿Duele usar zapatillas de punta?

Las zapatillas de punta son las que suelen generar mayor temor de uso por parte de las alumnas, pero eso suele ser durante los primeros años. Claro que deben aprender a usarse porque si no pueden incluso generar lesiones indeseables. Las chicas de nivel medio ya deberían haber superado la etapa del dolor con la zapatilla de punta y considerarlas sus mejores aliadas.

¿Qué dedicación exige la danza?

Disciplina, constancia y muchas horas de trabajo arduo.

¿Qué la llena más, dar clases o haber sido una bailarina?

Ambas cosas, porque creo que el haber tenido la oportunidad de formarme como bailarina a lo largo de mi carrera, de haber aprendido con diferente maestros y coreógrafos nacionales y extranjeros, me dio la posibilidad de interpretar diferentes papeles, no solo en el ballet clásico sino también en el neoclásico y el contemporáneo. Esas emociones experimentadas pueden ponerse en práctica, para enseñarlas a una nueva generación de profesionales en la danza.

¿Cuál trabajo la marcó más personal y emocionalmente durante su carrera?

No puedo hablar de uno solo, ya que en diferentes etapas como bailarina lograron tocarme emocionalmente “El Cascanueces” (clásico); “Serenade”, remontaje de la maestra Ana Mercedes de Rojas (clásico); “Ayer, hoy y siempre”, de la maestra Sonia Franco (contemporáneo), con la que representé a El Salvador en el encuentro Mujeres en la Danza; “Resurrección”, del maestro Gerardo Delgado; “Pájaros pintados”, del maestro Francisco Castillo (contemporáneo); y “Romeo y Julieta”,  del maestro Héctor Sansana, por mencionar otros.

¿Qué pasa con los jóvenes que quieren entrar al mundo de la danza y ya pasan de los 15 años? ¿Tienen posibilidades de pertenecer a un elenco?

La respuesta es sí. En la actualidad, existen diferentes lugares donde se puede tener un conocimiento de técnica de ballet y, aunque el alumno no comienza desde pequeño, puede con mucho esfuerzo y dedicación convertirse en un bailarín ejecutante. La prueba está en los caballeros, quienes se inician en esta disciplina rondando los 17 o 18 años, logrando ser buenos bailarines, maestros, coreógrafos e incluso logran ser contratados en compañías nacionales y extranjeras.

 

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Fotografías cortesía de la maestra Xucit Cuestas:

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