Con el paso de los años, la devoción y fervor por el Santo Cristo Negro o Cristo de Esquipulas se ha difundido por todo el país.

En buses, carros o a pie, los devotos del Cristo con tez oscura hacen la peregrinación hacia la Basílica de Esquipulas (ubicada en el departamento de Chiquimula, Guatemala) en  las primeras semanas de enero —la festividad se celebra cada 15 del mes en curso— para pedir por su salud, trabajo y diversos milagros.

Se sabe que el Cristo Negro se venera en México y Centroamérica desde el siglo XVII. “El arte sacro en América sirvió para que las poblaciones indígenas asimilaran la religión cristiana. El crucifijo fue una de las imágenes más difundidas”, dijo la antropóloga del Museo Nacional de Antropología Dr. David J. Guzmán (MUNA), Ninel Pleitez.

Según bibliografía consultada por la antropóloga (C. Navarrete Cáceres. “Las rimas del peregrino”. CEFOL-USAC. 1.ª edición. Guatemala, Guatemala, 2006. Pág. 28), la historia de la aparición de este Cristo crucificado en el país tiene dos orígenes: La primera es que “lo trajeron unos peregrinos que iban de camino a Esquipulas y habían escuchado de los milagros”, aseveró Pleitez; la segunda es que tiene que ver con los monjes franciscanos, quienes misionaban desde México a Costa Rica, y  trajeron la imagen a El Salvador difundiendo esa devoción.

Actualmente, el lugar donde confluyen más fieles es en Esquipulas. Sin embargo, en el país también hay varios pueblos que veneran y celebran sus fiestas patronales en honor a él, tal es el caso de Juayúa, San Vicente, Jujutla, Ahuachapán, San Buenaventura, Colón, San Bartolomé Perulapía, Villa Tenancingo, Ereguayquín, Texistepeque y San Antonio, San Miguel.

Este mes, el museo exhibe un Cristo crucificado de El Salvador, elaborado con la técnica de escultura exenta o  bulto redondo (se representan las figuras en tercera dimensión. Esta técnica permite que la pieza no tenga contacto con ningún muro o pared. Es decir, el objeto es independiente de cualquier superficie —excepto la base en la que se asienta—, lo cual permite apreciarla desde cualquier ángulo).

Otra de las características de la pieza es que está en posición erguida y posee dimensiones aproximadas de 30 centímetros de ancho por 68 centímetros de alto. El escultor es desconocido y el elemento pertenece a la Colección de Historia, que resguarda el MUNA.

“Esta es una invitación para que conozcamos que la tradición en honor al Cristo Negro forma parte de la religiosidad popular del país”, concluyó la investigadora.

El museo atiende al público de martes a sábado, de 9 a. m. a 5 p. m. y los domingos, de 10 a. m. a 6 p. m.

La tarifa de ingreso a este espacio patrimonial es de US$1.00 para nacionales y centroamericanos, y US$3.00 para otras nacionalidades. Niños menores de 12 años y adultos mayores de 60 entran gratis.

Asimismo, los estudiantes del sector público disponen de entrada gratuita los miércoles, jueves y viernes.