¡Oh señor, mi Dios y mi todo! ¡Tú que a los artistas concedes la inspiración para plasmar la belleza que de ti procede… Haz que con mis obras aumente el gozo, la esperanza y la paz en los hombres, que comparta con alegría los talentos que me has prestado, pues todo es tuyo, todo viene de ti, de ti es mi habilidad e ingenio y quiero sembrarlos en los demás… Sobre todo en los más pobres, para que dé frutos en abundancia y haga brillar en ellos su dignidad humana y espiritual!

Oración que siempre acompañaba las exposiciones del maestro Fernando Llort, escrita por él en octubre de 1984, y que hoy sigue vigente, a través de cada uno de sus trazos, colores y formas que inigualablemente dan identidad a todo un pueblo.

El Ministerio de Cultura lamenta el sensible fallecimiento del maestro Fernando Llort, pintor, escultor, muralista y compositor, quien con su obra participó en muchas exposiciones individuales y colectivas alrededor del mundo, ganando reconocimientos para su amado El Salvador. El año 2013 fue galardonado por el estado salvadoreño con el Premio Nacional de Cultura, en la rama de Gestión Cultural.

“Su legado artístico artesanal con diseños únicos, con el método de dibujos simplificados de mucho colorido de la vida común rural, logró plasmar un simbolismo artístico de expresión popular único y universal que ha sido reconocido por los salvadoreños como símbolo de la identidad cultural nacional”, reza en el acta del jurado seleccionador del Premio Nacional de Cultura 2013.

Su historia como artista comienza a escribirse desde muy pequeño, manifestando interés por el arte y las manualidades; a sus 15 años ya había tenido contacto con el maestro ceramista César Sermeño, con quien empezó a conocer esta importante técnica, que posteriormente se convertiría, junto a la pintura, en sus importantes lienzos para plasmar su obra.

A sus 23 años llegó a la Palma, un pueblito enclavado en las montañas de Chalatenango. El encuentro con ese maravilloso pueblo de calles empedradas, tejados rústicos y, sobre todo, con un niño que jugaba con una semilla de copinol y quien la raspaba partida por la mitad, hasta dejarla lisa y uniforme, fue el origen de lo que hoy sigue siendo todo un fenómeno artístico.

Fundador del taller y cooperativa La Semilla de Dios, en la Palma, en el año 1977, espacio que sigue vigente hasta hoy. Asimismo, en el año 1981, junto a su familia fundó El Árbol de Dios, un centro cultural que exhibe y expone el trabajo de los artesanos de la Palma, obra inédita del maestro plasmada en diversas superficies.

El maestro Llort siempre se caracterizó por experimentar con materiales no convencionales, explotando las bondades de las texturas, de la madera, telas y semillas, siempre trabajadas lejos de los principios académicos, dándole siempre un toque único, ya que a través de sus obras unió el pasado y el presente con un estilo primitivista y vigente modernista.

“Siempre fue mi deseo ayudar en lo posible con mi pintura a motivar a nuestro pueblo para que despertara sus propias raíces y buscara una expresión ppropia. Yo soy un artesano artístico y creo firmemente que Dios nos ha dado nuestros talentos para compartirlos con los demás y que las herramientas más grandes que Dios nos ha dado son las manos y el corazón para construir cosas hermosas, para transformar vidas, para formar lazos humanos que nos ayuden a todos a progresar y para llamar a la paz… que tanto anhelamos…”, reza un fragmento del discurso compartido por el maestro Llort el día de la entrega del Premio Nacional de Cultura 2013.