Milagro Estela Perdomo, de 69 años de edad, trabaja en los Teatros Nacionales desde 1978, cuando se incorporó a escasos días de la reinauguración del Teatro Nacional de San Salvador —el 5 de noviembre—. Este 2020 cumplirá 42 años de servicio.

“Llegué el 2 de octubre y el teatro lo inauguraron el 5 de noviembre de 1978, con la obra ‘El señor presidente’”, recuerda Milagro.

La joya arquitectónica de más de un centenario de años fue el primer espacio de las artes escénicas en el que trabajó hasta el 2003 —cuando iniciaron las reparaciones por los terremotos de 2001—. Desde entonces, Milita, como le llama cariñosamente la gente, fue traslada al Teatro Presidente, donde labora actualmente.

Originaria de San Miguel y de natalicio el 4 de febrero de 1951, Milita pasó 25 años recibiendo y acomodando gente, haciendo limpieza,  custodiando exposiciones y entregando correspondencia en el Teatro Nacional de San Salvador.

“Cuando llegué el teatro era muy lindo, porque tenía guardarropa —era adonde las personas dejaban sus abrigos, toques y sombreros—; en los baños ponían toallas, vasos y jabones para que la gente se lavara y secara las manos”, rememora Milita.

Ella recuerda que cuando se desarrollaban obras internacionales, el lobby del Teatro Nacional de San Salvador lucía “bello, porque a las jardineras les ponían preciosos arreglos florales”.

También, Milita fue testigo de los estragos que sufrió el teatro con los terremotos de 1986 y 2001. Según ella: “Para el terremoto del 86, estaba por la entrada y allí había un piano y le dije a mi compañera ‘voy a ir allá adentro’; en ese momento cayó el piano y no se me olvida, porque Dios me libró que me cayera encima”.

Agrega: “Fue un estruendo, porque se cayó el Hotel San Salvador, el Correo, todo se cayó, no pudimos entrar adonde guardábamos las cosas porque se cortó la electricidad”.

El trabajo que desempeñó en el Teatro Nacional de San Salvador es similar al del Teatro Presidente, donde lleva casi 17 años acomodando gente, recibiendo al público en la puerta, cortando boletos y coordinando el trabajo de limpieza con las empleadas de la empresa privada.

Milagro Perdomo reconoce que no es fácil tratar con el público, ya que hay momentos en que reciben malos tratos por cuidar las instalaciones de los teatros. Sin embargo, siempre está la disposición de ayudar a quien lo necesite.

“En la puerta se conocen personas amables y también unas que nos contestan mal por el hecho de llamar la atención que no entren con comida y bebidas, a veces hasta nos tiran las cosas, pero como ese es nuestro trabajo. Lo que buscamos es cuidar la institución”, explica Milita.

Como toda mujer con experiencia, habla con propiedad y dice que se considera una persona amable con el público, puesto que sin este no tuviera empleo. También, resalta que para que una persona labore en los teatros necesita tener paciencia, delicadeza, comportarse lo más prudente y ser amable.

“Eso me ha ayudado bastante, porque uno no nace aprendido, va aprendiendo en el camino, tratando al público y a los compañeros, porque hay que saber llevarse, hay que ser comprensible con las personas; además, esta es la segunda casa de nosotros, aquí pasamos más tiempo que en la nuestra”, asegura Milita.

La servidora pública reconoce que ha visto todos los cambios que se han producido en la institución cultural —desde que era Consejo Nacional para el Arte y la Cultura, la conversión a Secretaría de Cultura de la Presidencia y al actual Ministerio de Cultura— y en algunos aspectos tecnológicos. Por ejemplo, comenta que trabajando en los teatros aprendió a usar el mimeógrafo y el fax —dispositivos para imprimir las programaciones—. “Era manual y eléctrico, picaban el estenio, le poníamos la tinta y sacábamos los cientos de programas de mano”, detalla.

Recomienda, para los jóvenes que desean laborar en los teatros, tener paciencia, dinamismo, ser espontáneo para atender el público y ser activos. “Si aman su trabajo, tienen que poner de su parte. Hay que aprender, porque uno no lo sabe todo”, acota.

Para finalizar, Milita reconoce que en su infancia nunca soñó ni se imaginó trabajar en los teatros ni ser testigo de un sinfín de presentaciones artísticas, tanto nacionales como internacionales. “No soñé vivir como vivo. Tengo lo necesario. Si no me encantara mi trabajo, no sé dónde estaría”.