La inspiración de una persona puede nacer de diferentes aspectos de su vida, quien la ha encontrado goza de un talento sorprendente. Para Mauricio Hernández Yanes su inspiración surgió desde las vivencias con su familia.

Hijo de Mauricio Hernádez Bojórquez y Maria Teresa Yanes, dos famosos comediantes de los años sesenta al ochenta, Hernández Yanes, ilustra lo vivido con ellos por medio de sus letras. En esta ocasión se titula como el ganador de los XXII Juegos Florales de Sensuntepeque en la rama de Testimonio, con la obra “Doña Terésfora, testimonio biográfico”.

Con esta obra, que lo convierte en ganador por segunda ocasión de esta misma categoría, relata todas las etapas de la vida de su madre. Su testimonio fue el ganador al considerarse una historia de interés público, al retratar la posición de las mujeres en el arte dentro de esa época.

¿En qué consiste su obra?

Para empezar debo decir que yo fui hijo de dos comediantes que fueron muy conocidos en las décadas del 60, del 70 y el 80, que son Don Pánfilo y Doña Teresfora, entonces me he dedicado a “bibliografiar” su experiencia y para que quede un testimonio para la cultura general, pues hay mucha gente joven que no los conoce. Asimismo, es para honrar la memoria de mis padres. La primera ocasión que gané fue con una propuesta en la que describí el crimen que cometió un escuadrón de la muerte con unos empleados del circo de mis papás.

Ahora he desarrollado la biografía de mi madre, bastante corta pues los espacios que requiere el concurso son estrechos pero que en general sí plantean todas las partes más importantes de su vida.

¿Cuánto tiempo se tardó en escribir la obra?

Algunas cosas se hacen en un día realmente. Tú te sientas y la tesis de graduación, el guión de una película o lo que tú hagas se hacen en un día cuando tú estás totalmente entregado al asunto. Pero la preparación va desde la consecución de datos biográficos, desde pensar como tomar referencias a otros relatos parecidos, eso te involucra a leer muchos libros, a consultar muchas estructuras literarias, ver mucho cine, sobre todo por la gente joven que son mucho de audio y vídeo, las estructuras es mejor tenerlas lo más parecido a lo que se está viendo. Quizás fueron unos dos años de trabajo, lo que comenzó como una novela y terminó como un ensayo testimonial, pero la elaboración serán quizás unos diez días con intensidad en los que tú te metes y ya. Las obras no se terminan, se abandonan.

¿Es la primera obra con la que gana un premio?

Pues no, fijate.  Gracias al talento de mis papás, como te digo, mi papá era Pánfilo y mi mamá era Doña Teresfora, en mi casa siempre hubo tendencia a participar en certámenes artísticos.

Yo trabajé mucho tiempo con las agencias de publicidad y en esas agencias gané algunos premios pero en el área de la creatividad publicitaria, digamos que en eso he ganado unos 4 a 5 premios como publicistas, pero como escritor este es mi segundo premio. Estoy bien contento sobre eso.

¿En qué se inspiró?

Me inspiré en varias obras previas. Me inspiré en la historia de una señora que ni recuerdo su nombre, es la autora de Mary Poppins, que es una historia muy parecida a la de mi madre.

Es una historia de una mujer que con algunas frustraciones infantiles muy grandes logra desarrollar unas obras muy lindas y hay algunas novelas, y algunos relatos de ella donde se mezcla ella como Mary Poppins.

Eso me pasó con mi madre, yo empecé a darme cuenta que mi madre no era una persona física sino que era un personaje que ella había creado y que se consolida en Doña Terésfora.

Luego un poco de contrapunto, porque el relato va un poco de la vida de mi madre y otra parte de los sketches o de las comedias que ellos hacían en radio, televisión o en vivo. Por ahí va eso que tú llamas “tu inspiración”, que no es más que un poquito del plano general que se tiene para edificar la obra.

Mi madre nace en los años 30, tiempos de represión militar y ahí tienes pues una gran cantidad de cosas. Luego todo lo que es la Acción Cívica Militar, que también está citada en el relato y que es un programa de ayuda a los artistas, eso que se llama Bellas Artes que habla de varios artistas y son cosas que se escuchan en las calles que dice “aquí no se apoya el arte nacional, antes se apoyaba”. Sí, pero es que lo apoyaban los militares y eso era una especie de distractor, estaba Aniceto Porsisoca, Chico Tren yChilango.

Era un programa intencionalmente diseñado para distraer a las masas, copiado de México en el que nacieron los grandes comediantes como Tintango y Cantinflas. El programa es exactamente el mismo y mi mamá tiene la oportunidad de triunfar porque el Gobierno les pagaba los ensayos, los potenciaba para hacer obras de teatro, les traía directores extranjeros, era una riqueza tremenda. Posteriormente, mis padres tienen un accidente donde muere mi hermana y ellos tienen un circo que se llama “Yosabeth” y extrañamente el circo duró lo que duró la guerra, no me pregunten porque , pues no fue programado, el circo comenzó en el 81 y terminó en el 93, así de fácil.

En el 1995, mi madre nos deja, porque imagínate, una vida de bohemia, de desvelarse, traguear, fumar, bailar y hablar. El cigarrillo que era parte de la vida de mi madre termina dándole un eficema pulmonar que le provocó un ahogo y nos dejó en ese año. Eso sería todo y de ahí la historia personal de ella que es muy encantadora.

¿Qué significado tiene para usted este premio?

Este premio me alegra y me aflige. Me compromete porque uno cree que es y lo que no es, yo pensaba que yo era un cuentista, yo pensé toda mi vida que yo era un contador de cuentos, ojalá que un día lo sea. Los premios me han dicho que yo soy un ensayista, porque este es mi segundo premio con ensayos, o sea, si me lo vuelvo a ganar ya no podré participar como ensayista acá en el país.

Eso me motiva mucho, estoy preparando un ensayo sobre Morazán. Estoy preparando algunos ensayos históricos para honrar a Chocolate, que es un payaso muy conocido, a un payaso peruano-salvadoreño que es Armando Pérez Figueroa;asimismo, el de Cucharita que es un héroe en Perú y aquí nadie lo sabe. También de Aniceto Porsisoca, que nadie ha escrito sobre él; entonces,  ya agarré impulso y eso me compromete a entregar más trabajos en las sigiuentes convocatorias, pero también me aflige, porque ya no podes volver sobre lo que has hecho. Me aflige el compromiso que significa ir metiéndose en esto.

Estoy muy contento porque mis papás, si tú les preguntas a tus abuelos ¿quiénes son Don Pánfilo y Doña Teresfora?, Ellos te dirán “siéntate y escucha”, porque hay mucho que contar, pues la gente sabe el triunfo que tuvieron mis papás en Estados Unidos, en Centroamérica y aquí en El Salvador.

Yo afortunadamente estoy triunfando en el arte, pero no en lo que ellos hacían.  Eso me llena de mucho orgullo.

¿Qué considera que se debe hacer para seguir potenciando este tipo de trabajos?

Talleres. Creo que la gente aquí tiene muchas ideas, pero no sabe de estructuras; no sabe de construcción literaria y de cómo hacer las cosas. Milán Kundera tiene un libro que se llama Los testamentos traicionados, que prácticamente es una forma musical de hacer la literatura, eso la gente no lo sabe. Aquí tú te sientas a ver lo que sale. No, lleva un ritmo interior, una pausa, un compás.

Esos talleres no se están haciendo de forma masiva o para el alcance de la gente. Las universidades no lo dicen, yo no lo aprendí en la universidad. Yo tengo la fortuna de ser amigo de Carlos Velis que está en Estados Unidos, de Mario Tenorio que es un guionista que está en Canadá y de Carmen González que en este momento anda recogiendo el premio Fernando Rielo en Roma. Ellos me han instruido mucho y yo los he instruido a ellos, entonces ese tipo de circulos literarios de nutrición son los que son importantísimos porque las convocatorias están.

Si tú te metes a internet ¡upa!, son centenares de convocatorias nacionales e internacionales, de hecho, El Salvador es uno de los países que más literatura produce. En Honduras se lee la literatura salvadoreña porque no hay una producción muy basta como para nosotros.

Entonces, yo pensaría eso, potenciar a la gente joven, a los que llaman “Jóvenes Talentos”,  he visto cosas muy grandes en ellos, pero no hay como continuar, no hay como meterlos en el caldo.

Si tú ves a Hugo Lindo, a Roque Dalton, a los grandes y consagrados de nuestro país, todos ellos se reunían y aparecen todos en fotografías juntos. Eso se ha perdido. Yo diría que ese tipo de círculos de trabajo son parte significativa para el desarrollo de una literatura solida, constante, continua y que sea valiosa para el país.