El director de “Las oscuras manos del olvido” el nuevo documental del Centro de Producción Audiovisual de la Secretaría de Cultura—, habla sobre lo que implicó para él y su equipo de producción adentrarse al pasado y plasmarlo en imágenes que provoquen abonar la memoria histórica del país.

Mauro Arévalo es licenciado en comunicación, productor cinematográfico, musical, cantante y pianista; su trabajo en Secultura le ha permitido llevar a la pantalla la investigación del asesinato de las cuatro religiosas norteamericanas al inicio de la guerra civil salvadoreña, en 1980.

Con una mirada firme pero llena de nostalgia, Arévalo confiesa que la realización del documental le “revolvió el cerebro”; según él, esta vez, estar a cargo de la dirección fue y sigue siendo un compromiso grande que implica traer nuevamente a la mesa un crimen que ha quedado impune en El Salvador.

Como director de la cinta, su aspiración es que a través de este documental se logre ver el hecho tal cual pasó, sin ninguna inclinación, pues considera que esa es la pureza del arte que está inmersa en cada una de las imágenes que conforman el material.

Cerca a la presentación oficial de “Las oscuras manos del olvido”, en el Museo Nacional de Antropología David J. Guzmán (MUNA), Arévalo compartió a la Dirección de Comunicaciones de Secultura detalles acerca de todo el proceso de producción del documental.  Un material con imágenes fuertes, no aptas para menores.

¿Cuál es el argumento del documental?

“Las oscuras manos del olvido”, expone el asesinato de las religiosas Ita Ford, Maura Clarke, Dorothy Kazel y la misionera laica Jean Donovan, el 02 de diciembre de 1980, —en guerra civil salvadoreña—.

¿Cómo nace la idea?

Surge a raíz de la petición de declarar como patrimonio el sitio donde sucedió el crimen de las religiosas, que está ubicado la jurisdicción de Santiago Nonualco; en ese momento, el Departamento de Registro de Secultura estaba investigando el tema y entré al proyecto apoyándolos con las imágenes que se iban a ocupar en archivo. Desde entonces, me atrapó la historia y empezamos a darle forma al documental.

Tengo  tres años de estar con la investigación. En este tiempo me di cuenta de algo bastante triste e irónico, y es que la mayor parte de la población salvadoreña no tiene conocimiento del tema. Tristemente han pasado 35 años del hecho y el tema de las religiosas extranjeras es casi nulo.

Bajo ese contexto nace este proyecto, como parte de una necesidad que tiene la gente del lugar y las organizaciones extranjeras de salvaguardar el espacio físico donde fueron asesinadas.

¿Cómo fue el proceso de producción del documental?

Ha sido una producción larga y agotadora, tanto física como mentalmente. Pasar sentados horas y horas, leyendo, tomando fotografías y revisando material tan crudo sobre esa época del país deja secuelas; confieso que en varias ocasiones, luego de estar recabando información, terminaba levantándome con los ojos llorosos, se me revolvían todas las emociones.

Ese proceso de investigación —desde el 02 diciembre de 2013— ha fortalecido nuestro trabajo, hemos descubierto detalles que la población debe conocer sobre este caso.

¿Cuántas personas participaron en la producción?

Alrededor de 20 personas, incluye: Equipo de producción de video, fotografía, animación, banda sonora, diseño, investigación y asesoría. Es gratificante ver cómo con cada producción que se realiza se va fortaleciendo nuestro trabajo, se profundiza más.

¿Qué implicó adentrarse en esta historia?

Reflexionar y darnos cuenta de la poca memoria histórica que hay en el país. Es una de muchas historias que han ido quedando en el olvido.

Al tener contacto con algunas de las personas que viven cerca del lugar donde sucedió el asesinato, logramos evidenciar que el recuerdo que se tiene es muy diferente; por un lado, nos encontramos con quienes las recuerdan con mucho cariño y reconocen el trabajo que desempeñaban; sin embargo, la mayoría son completamente indiferentes a la historia y no les resulta un tema familiar, a pesar de haber vivido en aquella época.

Entonces, es ese disperso conocimiento del tema es el que nos mueve para contribuir al rescate de la memoria histórica de nuestro país, que en la actualidad se encuentra diseminada por El Salvador. En nosotros está recuperarla.

La guerra civil de la década de 1980 dejó una estela de destrucción y muerte. En ese sentido, es vital documentarla, como un compromiso a quienes todavía continúan clamando justicia.

¿Qué muestra esta producción con relación a la realidad?

Desafortunadamente, nos muestra que después de tantos años la sociedad sigue siendo la misma, todavía hay gente matando todo el tiempo.

El documental vendrá a causar problemas a los que no quieran saber las cosas tal cual fueron y tal cual son; pero no nos importa causar polémica, pues el hacer arte significa expresar sin ninguna inclinación y eso es lo que hemos logrado reflejar a través de la producción del material.

¿Con qué se queda el público luego de ver el documental?

Con el reconocimiento puro, sin ningún tipo de excitación, de quiénes somos los salvadoreños. “Las oscuras manos del olvido”, es un recordatorio de lo que muchas personas saben pero no quieren aceptar.

Los salvadoreños y las salvadoreñas tenemos una fea característica, fácil olvidamos el pasado, pero ya basta de huir de nuestra verdad, es tiempo de darnos cuenta de lo terrible que es hacerlo. A través del arte es nuestra obligación recordarle a la gente cuál es la verdad pura del país.

¿Qué respuesta esperan obtener del público?

Que se les revuelva el cerebro, que reconozcan los errores que se han tenido como país y que tengan presente la historia. Esperamos que se apasionen viendo el documental, así como nosotros nos apasionamos haciendo; que lloren, que se enojen, que se indignen y que sientan.

Tenemos la expectativa que, a través de la muestra, se logre disipar el olvido, esperando que los que vivieron en carne propia esa historia puedan decir no dejemos que esto vuelva a pasar, y los que no lo vivieron quieran evitar cometer esos mismos errores.

No más venda en los ojos. Si nosotros mismos nos tapamos los ojos para ver el pasado, pues se va a repetir, indiscutiblemente. Eso es lo que hay que evitar.

¿Cuáles son las proyecciones a futuro para “Las oscuras manos del olvido”?

Pretendemos presentarlo en todos los espacios posibles del país. Vamos a empezar por presentarlo oficialmente en el Museo Nacional de Antropología Dr. David. J. Guzmán, luego en los teatros de San Miguel, Santa Ana y Chalatenango. También, en las Casas de la Cultura del país y en las universidades que deseen verlo.

Estamos dispuestos a llevarlo donde sea necesario para divulgar el trabajo y, sobre todo, la historia; Si es posible, vamos a traspasar fronteras. Pretendemos, en un primer momento, presentarlo en Los Ángeles y Boston.