La Dirección Nacional de Patrimonio Cultural y Natural de Secultura trabaja en la declaratoria de los telares de palanca de San Sebastián, San Vicente, como Bien Cultural Nacional.

Por segunda ocasión, las antropólogas Ana Mata y Astrid Francia, del Departamento de Patrimonio Cultural Inmaterial (PCI), entrevistaron —el 11 de diciembre de 2017— a los artesanos para conocer el proceso de elaboración de los tejidos, técnicas, materiales, herramientas, historia personal y los desafíos que enfrentan para mantener viva la tradición.

“El avío es una pieza fundamental del telar, es donde va el diseño. Está hecho a base de nailon. Se hace en dos partes y en medio lleva una especie de ojal, en el cual van metidos los hilos cuando se teje.  El avío puede durar hasta unos dos años si se le da buen cuido. Aquí solo somos tres los que lo hacemos: Don Toñito Argueta, Isidro Corvera y yo”, cuenta don Pedro Arias, quien aprendió el oficio de su padre a la edad de 12 años y es propietario de un taller.

El artesano muestra cierta preocupación por el escaso número de personas que trabajan este aspecto “fundamental” del proceso, y dice: “Hay bastantes jóvenes interesados en querer aprender a hacer el avío y los artesanos les queremos enseñar”, pero asegura que por el momento solo son ellos tres los que pueden hacer este trabajo, el cual es solicitado por los demás talleres de la zona.

Don Pedro Arias destaca la importancia de mantener la tradición de los telares, pues el oficio le ha ayudado a mantener a su familia: “Yo le agradezco a mi papá que me enseñó este oficio porque hoy cuesta conseguir empleo. Cuando mencionan a San Sebastián se piensa en los telares. Cada pueblo tiene su producto que lo identifica, esta es una identidad de los pueblos a través del trabajo artesanal”.

Conservar ciertos elementos en la producción artesanal ha sido difícil. Muchos se han perdido con el tiempo, como  el “enchilatado”, descrito por doña María de Jesús Rivas como el proceso para fortalecer el hilo de algodón para que no se rompa a la hora de tejer.

“El chilate es de arroz. Se lleva al molino, se le pone agua y se mete el hilo. Luego de engomar (cuando el hilo se impregna del agua de arroz) se tiende en varas y se pone al sol, luego se pone en cañones (tubos donde se enrolla el hilo), luego se pasa al urdidor y después al telar, luego se teje”, explica la artesana.

El enchilatado ha dejado de ser una práctica común y solo se lleva a cabo por encargo, pues es más costoso. “Nosotros trabajamos  con una empresa exportadora. Ellos nos dan algodón porque es mejor para otros países. Allá les gusta más el algodón por ser natural. Vamos a tratar de volver a trabajar porque a la gente le gusta mucho el algodón, las colchas son más calientitas, el algodón se adapta al clima”, dice doña María.

La elaboración de hamacas necesita de una pieza llamada manguillo, el cual es elaborado en el taller que produce la tela o en el taller de don Carlos Abarca, quien por más de 30 años se ha dedicado a hacer esta pieza que va unida a la lona y sirve para colgar la hamaca.

Manguillos hay de todo tipo y para diferentes tamaños de hamacas. Los más vistosos son los de madera. Cuenta don Carlos que la mayor parte de su producción va para una empresa dedicada a la exportación de hamacas.

El proceso de elaboración de tejidos en talleres de palanca es muy peculiar, por lo que los artesanos de San Sebastián buscan protegerlo, ya que para ellos “genera arraigo e  identidad y posee valor cultural, histórico, social y económico”, y porque consideran que forma parte de las manifestaciones culturales del país.

La declaratoria de Bien Cultural de los telares ya está en proceso explicaron las antropólogas, quienes tienen a su cargo la creación de un inventario a través del cual se identifica, documenta, investiga y registra la tradición.  La declaratoria, dijeron, “lleva implícita una serie de medidas de salvaguardia para garantizar que la costumbre perdure a través del tiempo”.

La solicitud de declaratoria de Bien Cultural fue realizada por la Mesa de Desarrollo Artesanal de San Sebastián a la Dirección Nacional de Patrimonio Cultural y Natural de Secultura.

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