Ilustración por arqueóloga Claudia Moisa.

Al igual que hoy día, los pobladores de la Mesoamérica Prehispánica expresaban su personalidad, identidad o gustos  a través de las decoraciones corporales: Tatuajes, peinados, joyas o vestimenta, algo que podemos apreciar en figurillas, murales y vasijas que nos muestran la estética de la época.

“Las figurillas de formas humanas es lo más representativo de la decoración corporal. Allí es donde se puede apreciar de mejor manera cómo las personas se arreglaban en ese momento”, dice la arqueóloga Margarita Morán, del Departamento de Arqueología de la Dirección Nacional de Patrimonio Cultural y Natural de Secultura.

Indica Morán,  que la decoración no solo era “para verse bonito”, sino que era además “un símbolo identitario de un grupo. Había relación hacia ciertos rituales en los cuales tenían que adornarse de cierta forma, de cierto tipo de pintura o joyería”, según la fiesta religiosa de sus deidades.

“La gente común en su vida diaria se adornaban, ya fuera de forma permanente o temporal. Como ejemplo de esta última se encuentran los peinados, que actualmente se conoce como tocados. Se hacían deformaciones craneales, que eran permanentes, las que eran utilizadas tanto por personas de élite como por gente del pueblo, posiblemente, era una moda de algún grupo”, dice Morán.

Contrario a lo que comúnmente se cree —por los relatos de desnudez de los pobladores que hicieron los cronistas españoles tras la conquista—, nuestros antepasados sí se vestían y puede apreciarse en las figurillas femeninas ataviadas con faldas y que, según Morán, variaban de acuerdo a la época del año.

Las decoraciones corporales en Mesoamérica fueron descritas en el trabajo de graduación* del arqueólogo Diego González, quien las agrupa de la siguiente manera:

Permanentes: Deformación cráneal, estrabismo intencional, escarificación, tatuaje, incrustación dental, narigueras, orejeras y bezotes.

Removibles: Tocados o peinados, collares, pectorales, brazaletes, pintura corporal y cetros.

Atuendos: Taparrabos, cinturones, vestidos (faldas, capas y ponchos), tobilleras, rodilleras y sandalias.

 

En la figurilla se puede observar el cuerpo pintado o tatuado, el peinado o tocado, así como las orejeras y la nariguera.

 

En la figurilla se puede apreciar la vestimenta, una especie de falda con cinturón, el peinado o tocado, las orejeras y el collar.

 

En la figurilla se puede observar una especie de sombrero, las orejeras y una especie de falda.

 

Orejeras, collares, pectorales y dijes de jade han sido encontradas como ofrendas en entierros de personas de la élite.

 

En su tesis, el arqueólogo dice:  “El material con que están hechas  determinaba el estatus del portador. Un ejemplo podrían ser las orejeras, ya que se han encontrado orejeras de jade (material reservado para la élite), y de barro, aunque de éstas se han encontrado con un acabado liso y lustroso y otras cubiertas de estuco”.

 

 

 

 

Imagen tomada de la tesis del arqueólogo Diego Fernando González.


*Clasificación de las figurillas cerámicas del periodo Preclásico de los sitios Casa Blanca y Laguna Cuzcachapa, Chalchuapa, El Salvador. Universidad Tecnológica de El Salvador.