“El tiempo nocturno era un momento de desventura para los antiguos mesoamericanos y representaba el tiempo antes de la creación”, dice la arqueóloga estadounidense Nancy Gonlin, quien estudió la vida nocturna de los mayas de Copán, Honduras, y Joya de Cerén, en El Salvador, del periodo Clásico (300-900 d. C).

En esta estructura se pueden observar dos camas.

Y es que las prácticas nocturnas como el sueño, la iluminación, las celebraciones y los rituales han quedado evidenciados en estructuras y artefactos de uso cotidiano descubiertos en Joya de Cerén, la aldea sepultada por las cenizas del volcán Loma Caldera en el año 650 d. C.

De cómo pasaban la noche también ha quedado evidencia en sus casas, donde se encontraron camas o bancos de tierra que “nos permiten imaginar cómo los mayas dormían. Tal elevación los protegía de la humedad, el frío y las plagas. El yeso que se encuentra en ellos los hacía más visibles en la oscuridad. Probablemente estaban cubiertos con tela, petate o relleno”, dice la arqueóloga.

Ante la oscuridad de la noche, los habitantes de Joya de Cerén posiblemente se alumbraron con fogones. Algunos restos de estos han sido encontrados en los pasillos de la Estructura 10, la estructura de la ceremonia. También, se pudieron iluminar con fuego o brasas que ponían en los incensarios y braseros descubiertos.

Un hallazgo muy importante hecho en esta aldea  fue una “bola de cera de abejas del tamaño de una pelota de béisbol”, descrita por el descubridor del sitio, el Dr. Payson Sheets, la cual fue encontrada en la bodega o Estructura 4, ya que se creía que “el arte de fabricar candelas se dio a partir de los tiempos Posclásicos (900 d. C.)”, dice Gonlin.

En la vida nocturna de Joya de Cerén pudieron haberse dado también festejos y bailes como los que se cree que se daban en Copán, donde se descubrió una estructura de 8 por 20 metros conocida como la plataforma de la danza, en cuya base hay dos jaguares en posición de danza.

“Payson Sheets ha formulado una larga hipótesis de que la gente estaba en medio de una fiesta o ceremonia de cosecha cuando Loma Caldera entró en erupción”, dice Gonlin, quien enfatiza las 54 vasijas encontradas en uno de los complejos domésticos, entre estas 32 ollas, de lo que deduce: “Está claro que los recipientes de fiesta eran parte del inventario de los antiguos hogares mayas, sin importar su estado o ubicación. Y si ustedes me permiten, propongo que parte de este festín era probablemente de naturaleza nocturna”.

De cómo pasaban la noche nuestros antepasados de la época prehispánica fue de lo que habló —el 5 de octubre— la arqueóloga Nancy Gonlin, en el marco de las Jornadas Arqueológicas que desarrolla la Dirección Nacional de Patrimonio Cultural  y Natural de Secultura. La arqueóloga apoyó su ponencia en sus propias investigaciones y de otros antropólogos y arqueólogos.