Un restaurador, dos albañiles, tres carpinteros y cuatro auxiliares —todos especialistas en conservación de bienes culturales— dirigidos por un arquitecto son los encargados de salvaguardar el monumento histórico nacional que una vez albergó los tres poderes del Estado.

El Palacio Nacional fue construido entre 1905 y 1911. Con más de cien años de existencia, el edificio debe ser constantemente atendido por este equipo de la Unidad de Conservación del Departamento de Inspecciones y Licencias de Bienes Culturales Inmuebles.

El arquitecto Iván Sánchez, encargado del equipo, explica: “El proceso de restauración del Palacio Nacional comenzó a partir de 1994. Desde entonces se han hecho varias etapas. En el 2005, se llegó a tener un avance de casi el 85 por ciento y quizás ha sido lo más cerca que hemos estado de llegar a la restauración total del edificio”.

Al ser una infraestructura tan grande, las necesidades de mantenimiento son constantes debido a que la humedad, sobre todo, deteriora el inmueble y los elementos decorativos de madera, yesería, cemento y pintura mural que posee, por lo que desde hace un par de años se decidió sustituir las láminas arruinadas por unas completamente nuevas.

“A partir del 2016 se elabora un diagnóstico de las condiciones de la cubierta, el cual estuvo a cargo del Ing. William Ramos, con el que se concluye la presencia de deterioro en la estructura que soporta la cubierta causado por la filtración del agua, es por ello que se inicia la  sustitución, es lo más adecuado para el inmueble”, dice la arquitecta Nolvia Ventura, jefa del Departamento de Inspecciones y Licencias de Bienes Culturales Inmuebles.

A la par del cambio de techo, el equipo de conservadores trabaja en restaurar y reponer lo dañado en carpintería y albañilería. Desde el taller, y a veces apoyado por estudiantes universitarios de arquitectura o artes visuales, el restaurador Rurik Maravilla hace réplicas en yeso de elementos decorativos para el Salón Azul, otrora espacio de debate de 35 diputados de la República, cuyos curules o sillas aún se conservan intactas gracias al trabajo de restauración.

Rurik Maravilla en el Salón de las Antorchas

Además del Salón Azul,  se trabaja también en la restauración de la pintura mural de varios espacios del segundo nivel. El más reciente fue el salón que llaman de las “Antorchas”, que casi ha recobrado su decoración original. En 2016, con el apoyo de un grupo de estudiantes de la Universidad José Matías Delgado, se logró restaurar casi en su totalidad la pintura mural.

Detalle de la decoración en el Salón de las Antorchas.

“Eran varias capas de pintura de agua y de aceite que cubrían el mural  del Salón Antorcha”, habían sido aplicadas por diferentes administraciones y eso había hecho desaparecer la decoración original, dice Rurik Maravilla, quien recuerda que el proceso de recuperación inició en los años 90 con la restauradora Leti Escobar (fallecida en 2014).

Para restaurar el salón se hizo primero “la cala cromática”, la cual consiste en “hacer fisuras de un centímetro de ancho por quince centímetros de largo para encontrar líneas o dibujos. Los restauradores de la época empezaron a hacer pequeñas ventanas de pintura mural. Eso permitió dejar vestigios para darle seguimiento”, amplía el restaurador.

El trabajo posterior fue levantar las capas de pintura “de manera cuidadosa”, utilizando bisturí médico con removedores. “Ir quitando capa por capa hasta llegar a su original”, explica Maravilla, que para el caso del Salón Antorcha da por casi finalizado el trabajo, al estar en un 80 por ciento avanzado.

Salón de los Jaguares.

Otro ejemplo de la restauración de la pintura mural y de los cielos falsos decorados es la que se observa en el Salón de los Jaguares, llamado así por las figuras que decoran las paredes. Este salón fue restaurado hace muchos años y está finalizado. En el espacio se pueden observar fragmentos de mural restaurados y réplicas de los mismos, que “al no poderse rescatar fueron  replicados” para completar la decoración del salón, detalla el especialista.

Otros elementos arquitectónicos —como las columnas de estilo jónico en el primer nivel y corintio en el segundo nivel—, decorativos —como lámparas de cristal, adornos en yeso, ventanas y puertas de madera—, así como pisos elaborados  por artesanos salvadoreños, son elementos en permanente estado de conservación.

“La arquitectura del Palacio Nacional corresponde al orden compuesto del Renacimiento francés e italiano, nacido grecorromano clásico. Campea el orden jónico puro en la columnata (pilares) de la galería (corredor) baja y el corintio en la galería alta superpuesta a la anterior y en los capiteles de las pilastras embebidas (embutidas) del muro alto exterior en todo el contorno del edificio. El orden corintio caracteriza especialmente la arquitectura”, dice la arquitecta Irma Flores, directora nacional de Patrimonio Cultural y Natural de Secultura.

El Palacio Nacional fue sede por muchos años de los tres poderes del Estado. En el Salón Rosado, funcionaba la Corte Suprema de Justicia; en el Salón Amarillo, la Presidencia de la República; y, en el Azul, la Asamblea Legislativa, que hoy en día sigue utilizando el nombre para referirse a su espacio de discusión y negociación.

La construcción de un Palacio Nacional que albergara a todo el Estado fue un proyecto del gobierno del capitán general Gerardo Barrios, aunque fue construido entre 1866 y 1870, en el periodo del presidente Francisco Dueñas. La obra estuvo a cargo de los artesanos salvadoreños Ildefonso Marín y José Dolores Melara. Lamentablemente, la estructura fue consumida por un incendio en 1889.

En 1903, el presidente Pedro José Escalón realizó un concurso para el plano iconográfico. El ganador fue el ingeniero José Emilio Alcaine. Los planos se enviaron a Alemania, donde se elaboraron, pieza por pieza, las estructuras metálicas antisísmicas. La construcción inició en 1905 y estuvo a cargo de los ingenieros salvadoreños: José Emilio Alcaine y José María Peralta Lagos, y como maestro de obra el arquitecto Pascasio González. Finalizó en 1911, durante la presidencia de Fernando Figueroa.

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