La joven escritora Lorena Juárez Saavedra, recientemente fue nombrada Gran Maestre en Teatro Infantil, tras ser ganadora en tres ocasiones en la misma rama literaria de los Juegos Florales. Este año, ganó con la obra “Caramelo asoma su nariz”, enviada bajo el seudónimo “Pineda”.

Saavedra es una mujer que se caracteriza por ser casera, por su amor a la lectura, escritura, al cine, al teatro y todo el mundo cultural. Es narradora, dramaturga y actriz. Nació en San Salvador, en 1983. Es Licenciada en Comunicación Social y posee un posgrado en Gestión Científica.

En lo académico, se destaca por tener dos publicaciones científicas de estudio de metáforas: “Plutón enfurecido” (2013, Centro de Investigaciones de la UJMD) y “Premios Pixels: ventana, punta de lanza y camino de espinas” (2017, Escuela Mónica Herrera). Asimismo, se desempeña como correctora de estilo, coordinadora de proyectos de investigación, docente de redacción creativa, académica y científica, además de trabajar en proyectos creativos. Actualmente, se dedica a la docencia, la investigación y la escritura.

Para conocer más a la Gran Maestre en Teatro Infantil conversamos con ella y esto comentó:

Cuénteme un poco sobre usted, los Juegos Florales, el escribir, su gusto por la lectura.

Cuando era pequeña siempre me gustó leer, a medida que fui creciendo me di cuenta de que era algo que me gustaba. Una persona importante en mi proceso de descubrimiento en la escritura fue Teresa Andrade, la poeta. Era mi compañera del colegio y ella escribía poesía. Entonces, asumirme no fue difícil.

Fue en el colegio donde me di cuenta que había concursos. Con Tere envíabamos textos a los mismos concursos y ganábamos. Ella el primer lugar y yo el segundo. Te enterás de que existe la posibilidad de enviar un trabajo, que alguien lo calificará y que puedes o no ser ganadora. Ya en la universidad lo tenía más claro: Hay concursos.

Las primeras dos experiencias con los Juegos Florales fueron muy agradables porque eran las primeras que enviaba y gané. Fue en el 2008-2009. Luego, hubo un tiempo que no envié nada porque trabajaba muchísimo, hasta este año (2017) que envié de nuevo. Esa es mi relación: Que alguien más lo vea y que diga: “Está bien, este trabajo funciona”.

 

¿A qué edad inició a escribir, cómo inició su gusto por la lectura?

Voy a contestar como contestó un artista ilustrador: “No existe la edad en que uno se da cuenta de eso”. Simplemente es algo que a veces vas haciendo y no lo dejás de hacer. En mi casa había libros extraños. Me recuerdo mucho leyendo todos esos libros. “La tierra y sus recursos”, me encantaba.

Es eso, tienes una sensibilidad que no pierdes sino que a medida que pasa el tiempo la alimentas: los libros del colegio, bibliotecas, luego mi papá me compraba libros. No existe el momento específico en que dije “Voy a hacer esto”, fue creciendo.

 

Con los premios que ha ganado en los Juegos Florales, ¿qué la inspiró a crear esos escritos?

La palabra inspiración no me gusta. Soy más bien de un proceso creativo de provocación. Es decir, hay temas que te sensibilizan, que son cercanos y de pronto empiezas a leer, investigar, te vas fijando; todo eso hace que al final crees una pieza. Por ejemplo, el primer texto fue “El conjuro de Clementina” (2008), tenía muchas ganas de explorar el mundo mágico, cuando los niños quieren ser otra cosa, hay un tema de juego y vocación que en ese momento particular de mi vida era importante.

En el segundo premio, ya lo desarrollé más. “Ricky y la gran orquesta” (2009), es para mí especial en el sentido porque lo hice justo cuando mi hermanito menor, Mateo, tenía 6 años. Hay mucho de él y su mundo en esa pieza. Este último que no significa que lo que uno hace es biográfico, sino que tomas un elemento importante en tu vida y lo conviertes en ficción, porque yo creo en la ficción. No creo que uno como artista vuelque su intimidad y su vida en eso. Este último fue un ejercicio deliberado en el que dije: “Quiero hablar sobre la muerte, cómo lidian los niños con la muerte”, y esa es la última pieza, “Caramelo asoma su nariz”.

 

¿Cuál es la enseñanza que le quería dar a los niños en la obra de teatro infantil “Caramelo asoma su nariz”?

No hay una enseñanza. Esa es otra de las “trampas”. Yo creo en un teatro que te ayude a pensar, a reflexionar, no necesariamente que te dé un mensaje. Tú creas el mensaje depende de lo que estés viendo. En este caso, lo que me interesaba era reflexionar un poco sobre cómo los niños lidian, lidiamos, con la muerte. Lo que haces, al menos lo que hago yo, es prestar un momento particular de tu vida o investigas a un niño que ha perdido a alguien importante y creas ficción con eso.

Trabajé con estructuras muy viejas y conocidas, que es “la aventura”, y no hay nada más viejo en este mundo que una historia de aventuras. Tenés Odiseo, usé esas estructuras muy tradicionales pero usé elementos nacionales, todo el mundo fantástico de la imaginería y de lo indígena. Es un ejercicio muy fuerte cómo los niños ven eso. Cómo te explicas la muerte, cómo lo hacen tus abuelos, tus tatas, tus seres ancestrales te explican a dónde se va la gente cuando muere.

 

Ya habló sobre tres temas que le gusta escribir ¿hay otro sobre el cual le gustaría enfocarse en su escritura?

Otro tema que me gusta mucho es el tema mujeres, pero eso no lo trabajo con niños sino que lo trabajo con otro tipo de teatro para adultos. Se trata de cómo la mujer juega sus roles, cómo es representada históricamente, más allá de un teatro feminista, sino que es más bien preguntarse, cuestionarse, qué hacemos las mujeres con ciertos tipos de relaciones, dominio, poder, emancipación, libertad y sexo, todo lo que vuelve compleja toda relación.

 

¿Qué le parece ser ganadora de tres premios literarios en la rama de Teatro Infantil y ser nombrada Gran Maestre en los Juegos Florales.

No tengo otra opinión más que sentirme agradecida, porque es una manera de profesionalizarte. Tenés un país en el que no te podés graduar, no tenés un cartón que diga “usted se dedica a la escritura como profesión no como hobby”. La escritura jamás es un hobby. A mí me parece que es una manera en la que reconocen una carrera, un oficio, porque escribir en este país es un oficio, no es una profesión.

¿Qué sentido tiene para su vida y carrera profesional el leer, escribir y cómo lo combina la educación e investigación?

No podría hacer nada más en mi vida. Mi vida radica en eso. Si estoy en mi trabajo escribo académicamente y leo libros de educación; si estoy en mi ámbito personal, todo el tiempo estoy viendo películas y leyendo; es mi estilo de vida. No elijo deliberadamente un momento y digo “Hoy en la tarde leeré”. Yo siempre ando un libro y digo: “Bueno, ya se tardaron, voy a leer”, “Estoy aburrida, voy a leer”, “Estoy cansada, voy a leer”.

 

Cuénteme sobre su elección de escribir teatro infantil.

Esto no lo elegí. Esto es como un conjuro. Sucedió. Por ejemplo, con Rafael Menjívar Ochoa, porque fui al taller de la Casa del Escritor, estaba escribiendo cosas en el taller y de pronto un día encontré que me sentía muy bien escribiendo algo que pudieran leer los niños e intenté, y escribí algo:  fue “El conjuro de Clementina” y ganó un premio. Eso sí lo descubrí en mí, pero lo descubrí haciéndolo. Me parecía que yo tenía cierta sensibilidad, que obviamente tienes que desarrollar. El talento es talento pero si no trabajas con él, no haces nada, por ejemplo, justo ahora tengo una obra de teatro con el elenco de teatro UCA. Me llamó Dinora Cañénguez a colaborar. El tema con el que ella quería trabajar era abuso sexual infantil. Usamos de texto base el cuento de “Clara y su sombra”, de Elisenda Pascual. Fue un proceso de investigación terrible para mí. Es una obra para explicarle al niño cómo puede protegerse de un posible abuso sexual. ¡Es tremendo! ¡Es doloroso! Me leí una cantidad enorme de manuales contra abuso, veía videos y sufría y sufría. ¿Cómo puede protegerse un niño de eso? Todos los estudios te dicen es el tío, el papá, es el amigo de la mamá. Mi amiga María del Mar, profesora de filosofía para niños, me asesoró. En fin, al final derivó en esta pieza: “La fiesta de los valientes”.

 

A usted como lectora y escritora ¿le ayuda que en el país haya una oportunidad a través de los Juegos Florales para mostrar su trabajo?

Te profesionaliza. Hay un aura de misticismo alrededor de los que escribimos o creamos algo. En la medida que eso se vuelve una profesión no solo se devela esa aura sino que ayuda a que otras personas también puedan hacerlo y un país necesita contarse a sí mismo. ¿Qué es Italia?, Italia es Sophia Loren, ¿Quién es Sophia Loren?, es todo ese movimiento cultural de cine del neorrealismo italiano, por decirlo de algún modo. Entonces, tú tienes una narración que dice quién es tu pueblo. Nosotros necesitamos eso, necesitamos contarnos a nosotros mismos y presentarnos ante el mundo y eso solo lo logras con drama, cine, ficción, narración y dramaturgia.

 

¿Cuál es su invitación a jóvenes para que participen en los Juegos Florales?

Invito a los jóvenes, adultos y a todas las personas que creen que pueden construir un producto de calidad, que lo muestren y demuestren, que lo sometan a un concurso. Está bien sentirse evaluado, está bien que hayan parámetros, está bien que nos lean terceros y para eso son los Juegos Florales.

 

Hablemos de los otros concursos.

Aparte de dramaturgia, tengo otros dos premios nacionales en cuento, también de allá por 2008 y 2009. Fueron “La casa y otros cuentos” y “Los perros de Barueles”. Quizá el que más me satisface es el de Barueles, que sí es un cuentario porque leí por ahí un ejercicio de otro autor que construía mundos. Quise probar y construí la ciudad de Barueles y todos los cuentos son personajes que viven ahí o quieren irse de ahí. En esa ocasión, Manlio Argueta fue jurado y para mí fue algo maravilloso. Es un maestro que te impulsa, te incentiva a crecer.

Antes gané un premio con el IDHUCA, fue en 2006. Con ese cuento, “Pasos”, gané un viaje a Valencia, España. ¿Te imaginas? ese era el premio, fue soñado.

También me sometí con Ricardo Barahona al Premio Ovación, de la Fundación Poma, en el 2013, y ganamos. Hicimos la obra de teatro multimedia “Tamborina”. Colaboré también con Ricardo en la propuesta para un premio de los Puntos de Cultura, bajo el FONCA 2016. Ganamos también. Redacté la propuesta de proyecto para que él lo ejecutara, que era terminar el corto animado “Nejapa”, que ya se encuentra en ronda de festivales. No siempre tienes que ser la protagonista, eso es importante, estar en varios roles.

 

Cuando un alumno se le acerca y le dice “yo quiero escribir esto, pero no sé cómo hacerlo, ayúdeme”.

Depende de lo que quiera escribir, porque yo soy muy estructuralista. Si quiere escribir un cuento, nos sentamos, platicamos y le pregunto de qué va su historia, qué quieren los personajes. Si es una carta, le mando un esquema. Esto es una carta, quién es la autoridad, qué tono vas a usar, qué quieres decir, persuadí, esto está “muy tirado”, como sin pensarlo, hay que mejorarlo. Soy una profesora muy de asesoría, que la gente encuentre su propio camino.

 

Hábleme sobre Lorena Juárez Saavedra

Doy clases de redacción, todos los tipos de redacción que las universidades se inventan: creativa, básica, institucional, enseño cómo redactar una tesis, etc. Soy muy casera, tengo una gata, me encanta el cine, el teatro y el mundo cultural.