Augusto Crespín, director nacional de Artes en la Secretaría de la Cultura de la Presidencia y artista plástico, conversó con nosotros sobre su quehacer, su familia, su visión del arte y proyectos.

Nació  al norte de San Salvador, hijo de Bernabé Crespín, un músico que formó parte de la Sinfónica Nacional de El Salvador. Por eso, dice, lleva el arte en sus venas. Junto con sus hermanos e hijos compone una familia de un músico, dos artistas y diseñadores gráficos.

¿Quién y cómo es Augusto Crespín?

Nací en la parte norte de la ciudad, en el volcán de San Salvador. Estudié por cinco años pintura en una asociación que dejó de existir —abrió en el año 1940 y cerró en 1975―, se llamaba Academia de Dibujo y Pintura Valero Lecha. Comencé a formarme del año 1969 a 1973. Posteriormente, continué con mis estudios en el Centro Nacional de Artes (CENAR). Por un año aprendí grabado con maestros japoneses y, en 1982, cursé en la Universidad de Costa Rica (UCR) una especialidad de grabado, siempre con maestros japoneses.

Desde el año de 1969 hasta la actualidad, han transcurrido cuarenta y cinco años, en los que he vivido en países de Centro América, Sur América y algunos de Europa, en Canadá y otros. He realizado aproximadamente unas 50 exposiciones individuales y un centenar de exposiciones colectivas. He tratado diversas temáticas como: el desorden urbano de San Salvador, el deterioro del medio ambiente, la tortura, violencia y todas aquellas crisis existenciales que son producto de vivir en un país subdesarrollado, como El Salvador.

¿Cómo nace su interés por el arte?

Hay dos antecedentes sobre mi interés por el arte. Mi papá fue un músico de la Sinfónica en los años 30 o 40, donde muchos de los miembros eran autodidactas o formados empíricamente; la mayoría de ellos no venían de escuelas con una formación académica muy ordenada. Después de eso, mi hermano mayor, que también es pintor y se formó en artes, y tengo dos hermanas que estudiaron diseño gráfico, así que hay una relación muy cercana al arte.

Yo comencé a estudiar arte a los 13 años. Estudiaba pintura y dibujo por las mañanas y, por las noches, estudiaba letras. Mi hermano (Bernabé Crespín) me dobla la edad en cuanto a pintura. Cuando comencé a estudiar artes, él salía ya de la academia. Eso me inspiró a tratar de seguir sus pasos.

¿Cómo influyo su hermano en la pintura?

El ver esa mística y dedicación para realizar sus trabajos fue lo que influyó para que yo me metiera de lleno en la pintura y eso fue en mi adolescencia, donde decidí seguir ese patrón de comportamiento de la cual emergió mi disciplina por el arte. El hecho de que Bernabé Crespín estudiaba y realizaba sus obras me dio oportunidad de observar la creación y el resultado de esas obras. De ahí que yo observaba una forma cualquiera y me tomaba la libertad de bocetarlo, y se me daba de éxito el resultado, y ahí descubrí mi habilidad.

Si su padre era un músico, ¿por qué optar por un pincel o una brocha y no por una guitarra o algún otro instrumento musical, como su padre?

A mí me llamaba mucho la atención el cine. Hubiera querido ser un cineasta pero, lamentablemente, en los años 50 y 60, en ese periodo donde era un adolescente, no existían escuelas o academias de cine en el país, y aún no existen. Entonces tuve que optar por una opción muy parecida y que tuviera una relación muy cercana al cine, y eso era la parte visual en la cual actúan las artes plásticas, ya que el cine es un medio de comunicación para aplicar las ideas. Sentía que la pintura era lo mío y entonces estaban la Escuela Nacional de Artes Gráficas y la Academia de Dibujo y Pintura Valero Lecha, y tuve que escoger cuál era, de las dos, la que más llenaba mis expectativas.

Retomando un poco sobre la profesión de su padre, ¿Por qué no optó por la misma, pudiendo su padre ser un guía?

Intenté estudiar música, pero se me era imposible leer las partituras y no las entendía en su sentido total, y en cuanto al cine lo deseaba y no podía, por eso opté por la pintura, que era algo muy común el país en ese tiempo.

A medida pasó el tiempo, encontré el disfrutar, el poder expresarme, el poder identificarme y el poder asimilar con mucha facilidad la mezcla de colores, que es un aspecto importante para poder dominar el arte total de la pintura.

¿Qué puede comentar sobre su tiempo de estudio en la Academia de Dibujo y Pintura Valero Lecha (pintor español)?

Tuve compañeros que se les dificultaba el estudiar arte. Recuerdo que uno de ellos tardó 11 años en esa especialidad y no pudo terminar, y eso denota que no tenía la habilidad para desarrollar el arte. En cuanto a mí y otros compañeros, en un periodo de 5 años, logramos terminar la especialidad en pintura, logramos aprender a fondo de esta rama y encontré que era un disfrute y una habilidad poder estudiar, asimilar y pintar todas aquellas lecciones que impartía Valero Lecha. A pesar de toda mi labor en la pintura, siempre soy un gran admirador del cine.

¿Cuál fue el estímulo para mostrar interés en el cine?

La pintura y el cine tienen el fin que, por medio de imágenes, emiten una emoción. De pequeño visitaba el Teatro Nacional donde tenían en cartelera películas de género western francés, donde pude apreciar una película en la que el actor principal muere y eso me transmitió un impacto de emociones. En esos tiempos, el protagonista siempre salía de vencedor y ese mensaje me dejó trastocado, y ahí se puso en juego mi sensibilidad para que me dedicara al arte, para producir emociones visuales, ya que el cine no era posible en el país en ese momento.

Ahora que el cine está más a la mano de todos ¿Por qué no dedicarse de manera independiente al mismo?

A medida pasa el tiempo para un artista, va valorado y tomando prioridades de lo que quiere hacer y quiere aportar. El arte no lo hago solo para mí, sino para contribuir a la sociedad. Todo lo que puedo decir del cine lo puedo decir con la pintura. Yo ya tengo un trayecto, espacios recorridos, técnicas reconocidas y recursos para poder seguir elaborando pinturas, y mi objetivo principal es la comunicación.

Me gustaría poder hacer cine, pero tengo en proyecto poder plasmar 200 o 300 ideas en diferentes cuadros y para elaborar cine necesitaría vivir un promedio de 500 años (Y mientras dice eso, se ríe, evidenciando el tono juguetón de su comentario), y es por esa cuestión que tengo que aprovechar las pocas horas, días y años de vida que tengo para poder realizar una organización, valoración y selección para poder plasmar todas esas ideas.

A propósito, hábleme sobre sus obras.

He producido una  buena cantidad de obras en este lapso de tiempo, donde he dominado técnicas como: el grafito, la tinta china, el óleo, el acrílico, la acuarela, y todas las variantes de procedimientos que existen para el grabado, como: la litografía, serigrafía, el agua tinta y agua fuerte.

Si ha residido la mayor parte de su tiempo en el extranjero, ¿cómo le fue posible plasmar la realidad del país?

Llevo 45 años en mi profesión y la mitad de ellos residí fuera del país, pero los momentos más emblemáticos los viví en él, o sea, la adolescencia y la niñez, que esta última es muy importante para el desarrollo de un ser humano.

Al residir en el extranjero lo hice de manera intermedia, es decir que vivía dos o tres años en el extranjero, donde producía y exponía, regresaba a El Salvador y me nutría, y luego me dirigía a otro país donde nuevamente producía y exponía. Todo eso me permitió empaparme lo suficiente de la realidad de acá. Nunca perdí el contacto directo con El Salvador porque considero que es mi identidad, y la identidad es como el concepto del amor, que hay que nutrirlo, hay que educarlo, fomentarlo y vivirlo cotidianamente para no perderlo.

La identidad como salvadoreño no la he perdido, a pesar de considerarme un artista que conoce muchas técnicas y muchas corrientes del arte, pero me sigo identificando con la realidad de El Salvador, la cual es muy importante para mí.

¿Cómo ha influenciado a su descendencia tener un artista en la familia?

Tengo tres hijos. Uno de ellos es cardiólogo, el otro, un biólogo y un diseñador gráfico. Este último tiene éxito en Toronto, Canadá, donde tiene una compañía en conjunto con una artista escocesa, Underline Studio.

El vivir y crecer con diferentes elementos de artes y en medio de cosas con referencia al arte crea eso, y tiene relación con la educación y con la sensibilidad para las nuevas generaciones.

Creo que es natural. Si existe  alguien en la familia con un interés en el arte, por ende generará un nuevo miembro con inclinación a un arte en específico.

En su obra, ¿Cuáles son las influencias más representativas?

Tengo dos influencias bien marcadas en mi vida. La primera de ellas es la de la literatura, que está marcada en todos mis trabajos creativos. Desde muy joven me vi vinculado con escritores porque ilustré muchos libros inéditos.La otra influencia es la realidad, que para mí es una inspiración.

Hay una variedad de artistas que han influenciado en mi trabajo gracias al estilo y formas de interpretar al ser humano.

¿Representa alguna corriente artística?

Es el impresionismo francés. La formación académica que tuve como pintor era con base a una pintura muy figurativa y el camino para llegar al impresionismo es pasar por la figuración. No puedo ser un pintor abstracto y  tratar de ser figurativo, porque el traslado de esas corrientes es muy difícil, pero si soy figurativo y paso al impresionismo o a lo abstracto en orden es mucho más factible poder irse por esas corrientes artísticas.

¿Existe algún proceso creativo para poder elaborar todas sus piezas?

Varía, pero dedico bastante tiempo a la investigación. Es bastante importante para mí, así como sirvió de inspiración para nuestros antepasados me funciona para poder elaborar una obra.  En la medida que se tenga más información recopilada en el cerebro, en ese banco de datos que tengo para elaborar mis obras, mayor será el éxito de comunicación de una pintura.

Además, trabajo en diferentes formas en una obra y eso es producto de una escuela. Trabajo en varias capas para que la pintura perdure más. Esto puede permitir que mi pintura dure unos 250 o 300 años con su luminosidad, pero si solo trabajo en una capa y a los meses o años agrego otra a la pintura, el trabajo se verá afectado.

¿Qué puede decir sobre su inspiración para realizar sus obras?

Yo no necesito una inspiración inmediata. La inspiración la tengo todo el tiempo en mi cabeza. Lo único que necesito es el tiempo para centrarme en la selección de la información obtenida con la investigación y, con base a eso, parto a la recolección de material fotográfico y bocetos de problemas sociales, medio ambiente, económicos y todo esa existencia de problemas que nos rodean, y que además de ser importante para mí llaman a la conciencia a la nación del país. Sobre todo eso: tengo la idea para elaborar mis 200 o 300 cuadros pendientes y lo único que requiero es tiempo para ello.

Sabemos que su temática es variada, ¿Pero cómo enfrentó la barrera de los temas tabúes?

El Salvador sigue siendo una sociedad conservadora o con sus dos caras pretende mostrar que es conservadora, pero en el fondo no lo es. He tocado temas como el erotismo o desnudos, el cual no es un pecado hacerlo, y estos asimilan reacciones positivas o negativas, pero depende del nivel de culturización de quien lo asimile. Poseo muchos cuadros que tocan temas tabúes, los cuales es muy difícil exponer en una galería en este país.

Cuando tenía alrededor de 15 años, en la década de los 70, realicé una obra llamada la “Dueña de mi futuro”. Expresaba el machismo y toda esa desigualdad que existía en contra de las mujeres. Fue un mensaje atrevido y aún continúa siéndolo.

Fue una pieza que generó emociones positivas y negativas, a tal punto que cuando fue expuesta en la Sala Nacional de Artes se presentó un hombre que acuchilló la pintura porque no estaba de acuerdo con el mensaje. Provocó una emoción negativa y es lo que busco, emitir una emoción.

¿Quiere decir que a pesar de esa reacción negativa abonó al objetivo del mensaje?

La pintura cumplía una serie de aspectos técnicos bien elaborados y sobre ello generó esa emoción que le permitió esa reacción al individuo, y eso es lo que yo busco.

A propósito, ¿Cuál ha sido el mayor éxito o condecoración en su carrera?

El trabajo de un artista es tener una idea, pintarla y que esa pintura refleje lo que realmente él ha querido decir, y que el público entienda la pieza, y ese entendimiento debe permitir que la obra se adquiera. El mayor logro de un artista es que le paguen su trabajo, no por un arte no decorativo sino un arte que sale del interior del artista. He tenido logros económicos, donde he vendido galerías completas en un periodo de tres horas ―que se vendan todas las obras de un artista en tres horas es un éxito―.

Si una obra se vende es por dos motivos: uno de ellos es porque técnicamente el trabajo se ha realizado de manera correcta y la otra es  porque a nivel de comunicación dice y se entiende lo que quiere decir. Estos son los dos elementos esenciales para que una obra sea de éxito y para que se disfrute.

No creo en los homenajes, es más, yo rechazo los homenajes. Continúo en la edad para poder interpretar, producir e idear propuestas para este país.

Sabemos que hay satisfacción al comunicar el mensaje y que sea comprendido en una obra, además de ser vendida, ¿Pero qué sucede si esta no emite el mensaje de interés o no se vende?

Si una de mis obras no se vende es porque las temáticas que abordo no son del gusto del público, por ser temáticas muy fuertes, y son obras que están realizadas de manera correcta; técnicamente hablando, tiene mucha comunicación, pero el mensaje no va de acuerdo con el pensar, gusto o niveles culturales del público, y el artista debe tener la madurez necesaria para asimilar eso.

Muchas de las pinturas que realizo, acá no son vendidas sino en el extranjero, donde las temáticas generan otro tipo de lecturas.

Muchos de sus trabajos han sido expuestos en conjunto de artistas de diferentes nacionalidades, ¿cómo pudo hacer que su trabajo fuese reconocido en el extranjero para llegar a tales instancias?

Todo dependió de las relaciones públicas que realicé, porque todos los artistas teníamos diferentes propuestas de cómo exponer nuestras ideas y me fui encontrando con artistas afines con lo que yo o ellos necesitaban.

En esto del arte cada quien hace lo que quiere. Hay trabajos que se pueden hacer en conjunto a otros artistas, pero depende de un aspecto individual que lo caracteriza y de manera inmediata genera interés por artistas en el extranjero.

¿Qué nos puede decir acerca del arte en El Salvador en la actualidad?

La Secretaría de Cultura realiza diferentes planes y proyectos para estimular a los artistas, como por ejemplo el Salón de Arte Contemporáneo, que es una exposición que se realizará este año para poder premiar a las mejores obras de los artistas nacionales. Es un incentivo para ellos.

¿Hay algún artista nacional al que admire por sus obras?

¡No, ninguno! Hay buenos artistas, pero ninguno me genera admiración o influencia alguna. Admiración es una palabra muy grande, pero sí es de admirar algo de este país: el color de este paisito, tiene una luz muy peculiar que si se habla de un artista para admirar, yo admiro la luz de este país.

¿Qué reflexión le merece el tema de los artistas nacionales residentes en el extranjero?

La dificultad con el arte en el país ha permitido que se dé la migración. Hay artistas salvadoreños dispersos en todo el mundo y me he encontrado con artistas nacionales en otros países, donde expresan que han podido desarrollarse gracias a que buscaron esas nuevas oportunidades.

Es un país con enorme población y con pocos recursos. Es por eso que la Secretaría de la Cultura trabaja con esfuerzo para apoyar a todas las disciplinas con referencia al arte.

¿Proyectos a futuro como artista?

Tengo planeada una exposición a final de año en la ciudad de Atlanta, Georgia. Es en conjunto con el escultor K. Andrew. Será una exposición bastante interesante porque habrá dos propuestas con una misma idea.

De igual manera, en mi gestión (como director nacional de Artes) la meta de distribuir los recursos  para los espacios que se disponen en todo el país. Los espacios son importantes ya que el artista necesita de ellos para mostrar sus trabajos.

¿Qué lema o frase lo define como artista?

Para mí el artista es un intérprete de su tiempo. Es una responsabilidad que yo asumo como artista y todos los artistas deben asumirla, ser intérpretes de nuestro tiempo.

Ese es el canal para poder contribuir a la historia de un país, cuando las personas contribuyen a testimoniar o representar  un legado del tiempo en que vivieron, porque no hay tiempos iguales. Los tiempos avanzan pero no se repiten y avanzan de manera continua, y todos tienen una variante. El artista trabaja en eso.

También el verdadero artista es el vivencial. Si es auténtico no quita o hace lo que le dicen, sino que hace lo que siente y vive, por ende sus propuestas son vivenciales.