Las actividades rutinarias y cargadas de estrés no permiten ver más allá de lo tradicional; no dan paso para conocer más sobre la riqueza histórica que se encuentran en los documentos resguardados en el Archivo General de la Nación (AGN).

Esta entidad del Estado se encuentra incrustada en el corazón del “Valle de las hamacas”, como se le conoce popularmente al municipio de San Salvador. Tiene como morada el Palacio Nacional, un monumento histórico que ha pasado una serie de infortunios debido a las embestidas de los terremotos de 1965, 1982, 1986 y los dos sismos que se dieron en 2001. Movimientos telúricos como estos, son los que germinaron el título popular del municipio antes citado.

El Archivo General de la Nación (AGN) fue fundado en 1948, bajo el Decreto Legislativo nº 161, de fecha 4 de octubre, durante la gestión del expresidente Salvador Castañeda Castro. En la actualidad —a escaso días de celebrar su 69.° aniversario—, es una institución en proceso de cambio, aunque a la fecha forma parte de la Dirección Nacional de Archivo y Bibliotecas de la Secretaría de Cultura de la Presidencia.

La función principal del AGN es conservar, restaurar, clasificar, describir, investigar e inventariar los manuscritos históricos y administrativos que datan desde el año 1653. Depósito documental que está agrupado en cinco secciones: Colonial, Federación centroamericana, República, Archivos privados y una fototeca.

Para conocer más de este recinto histórico y los nuevos cambios, presentamos la siguiente entrevista con el ingeniero Luis Roberto Huezo Mixco, a seis semanas de su nombramiento como director del AGN.

El nuevo director ha estudiado Teología en instituciones norteamericanas y Filosofía Iberoamericana en la UCA; antes de llegar a Secultura trabajó mayormente como empresario privado y consultor; también, ha ocupado posiciones gerenciales y directivas en empresas tales como Kimberly Clark de C.A., Visión Mundial Internacional y Asociación Infocentros. En esta última se desempeñó como gerente de Educación, área que lo especializó en Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) y Gestión del Conocimiento.

 

¿Qué lo motivó para aceptar esta responsabilidad llamada Archivo General de la Nación?

Existe una motivación muy grande. Es el amor que tengo a la investigación histórica, una actividad que hago desde que ingresé a la Secretaría de Cultura de la Presidencia (SEC) en el 2010, a cargo del Programa Cultura y Religión. Desde entonces, he publicado el libro “De las misiones de fe al neopentecostalismo” (2013) y he sido coautor de la obras “Religiosidad popular salvadoreña” (2015) y “Coronel Ernesto Claramount Roseville. Una vida de Honor y Compromiso” (2015).

Asimismo, he publicado en la revista Realidad de la UCA, además soy miembro del comité editorial de la revista Identidades, en donde he publicado ensayos y reseñas. En las semanas que vienen, la Secretaría de Cultura publicará un nuevo libro que es una reconstrucción histórica de la movilización social en El Salvador.

Mi primera formación universitaria fue en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), donde estudié Ingeniería Eléctrica en los 70.

¿Cuántas personas consultan el AGN?

Las consultas de fondos documentales no son tan numerosas comparadas con la visitas y recorridos históricos a las instalaciones del palacio; solo en este año hemos atendido a más de mil personas, en el rango entre los 25 y 59 años. Además, suelen también visitarnos investigadores extranjeros; al momento estamos esperando la venida de uno de origen español que está investigando sobre el café.

¿Con cuánto personal recibe el AGN?

En total son 19  personas, gran porcentaje en edad de jubilación.

¿Le preocupa que la mayoría se encuentre en esa condición?

Creo que la edad no es obstáculo, al contrario, son portadores de la historia de esta nación. Una de las metas que tengo es que el personal del AGN sea dignificado. Mi intención es trabajar mucho para que sientan orgullo de formar parte de esta institución.

En general, para hijos y nietos es bonito escuchar anécdotas de la vida laboral. Espero que algún día nuestros compañeros cuenten a los propios que las investigaciones, revistas o libros que se publican han sido producto del esfuerzo y la dedicación que hicieron desde sus puestos de trabajo, y que se sientan orgullosos de haber dejado un legado al país y no pasar por la vida sin trascender.

La meta es formar equipos de trabajo con relaciones laborales saludables, ejercitando una cultura sana dentro de la institución, como aspecto sumamente importante. Sin esta cultura sana, será difícil lograr las metas trazadas, pero buscaré un ambiente armónico entre todos los que somos trabajadores del AGN, como una de mis prioridades.

¿En qué condición  encontró el AGN?

Durante tres años no se nombró director. En mi opinión, que una institución pase tres años sin jefatura crea un vacío importante en la gestión. Es como un equipo de fútbol sin director técnico. Uno de los objetivos importantes de un líder es transmitir visión y si esta ya se tenía se pierde cuando no está un  líder reforzándola o redirigiéndola estratégicamente, de acuerdo a las circunstancias, se va difuminando. Creo, durante este tiempo los compañeros y las compañeras del AGN, se dedicaron a hacer lo que buenamente creían que era lo más conveniente.

Tengo siete años de ser parte de la Secretaría de Cultura y la experiencia que con anterioridad tuve con el AGN ha sido referencial y la información siempre fue mayormente negativa, en el sentido de que el AGN es una dependencia donde no hay resultados pero sí malas relaciones laborales. Sin embargo, en seis semanas que tengo de estar aquí, he visto el esfuerzo que la gente ha venido haciendo por salvaguardar nuestro patrimonio documental. Entonces, la percepción negativa que tenía está cambiando, porque sí hay resultados a mostrar, por ejemplo, en cuanto al conocimiento almacenado, codificado y  digitalizado hay una cantidad muy importante, yo diría maravillosa, desde la cual lanzaremos iniciativas de difusión, especialmente por medio del uso de tecnologías.

No estoy en posición de juzgar si en el pasado pudo hacerse más trabajo o menos, pero sí reconozco el esfuerzo que hicieron anteriores responsables del AGN, como Sajid Herrera, Claudia Ponce, Óscar Campos y Gerardo Monterrosa, así como mucho del personal del AGN, entre otros colaboradores. Gracias a su esfuerzo, hoy contamos con una cantidad de interesante, si bien en proceso, de fondos documentales organizados y digitalizados.

¿Cómo fortalecerá al AGN?

Lo haremos aprovechando los recursos existentes, buscando nuevos e impulsando así el ciclo de gestión del conocimiento. Entre otras actividades claves, vamos a darle vida a la revista Repositorio, que se dejó de publicar desde 2003. Esta tiene como objetivo difundir el acervo cultural del AGN. Para el primer trimestre del 2018 pensamos su relanzamiento con un monográfico sobre nuestro ilustre pensador Vicente Alberto Masferrer Mónico, conocido en el ámbito literario como Alberto Masferrer. Para esta iniciativa ya contamos con el apoyo la experta Marta Casaús Arzú, quien radica en Madrid, España. Ella vendrá en noviembre y colaborará en la publicación.

Si todo sale a tiempo, en ese mes también vamos a declarar Patrimonio Cultural, a través del Comité de Memoria del Mundo, el fondo documental de Alberto Masferrer; este  contiene documentos que hacen visible al hombre que está detrás del pensador, de manera especial, por medio de unas preciosas cartas dirigidas a su hija Helia, quien vivía en ese entonces en Europa. Esperamos que este Fondo pueda, a mediano plazo, convertirse también en Patrimonio de la Humanidad. En este espíritu estamos impulsando una alianza con la Universidad Alberto Masferrer de San Salvador, para que nos acompañen en el proceso.

A nivel mundial los repositorios de información son enormes, conteniendo millones y millones de folios digitalizados. En el AGN no tenemos aún ese depósito o repositorio para poder compartir los documentos que poseemos. Eso implica un trabajo de tecnología que tenemos que desarrollar, pero estamos en diálogos con la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), quienes han creado un repositorio para trabajarlo con diferentes aliados. Esperamos que esos convenios caminen, para que nosotros comencemos a subir información digital a partir de enero.

Por otro lado, he sostenido encuentros con funcionarios del Instituto de Acceso a la Información Pública (IAIP) para reevaluar el rol del AGN en el acompañamiento a la ley. Agradezco la oportunidad que me ofrecieron los cinco oficiales de información del instituto, con quienes estamos conscientes de la importancia de este trabajo pues “la documentación oficiosa de ahora es la historia dentro de cien años”. Para ello es tiempo que nos preparemos. El AGN es una institución de abolengo, que no responde a las coyunturas políticas sino a la memoria e historia nacional. Esperamos que todo gobierno en el futuro tenga esa claridad. Con la IAIP hay voluntad para unificar esfuerzos; vamos a generar la sinergia necesaria con ellos, definiendo compromisos mutuos para resguardar la información.

¿Qué hace falta para promover el AGN?

Deseo que todo el personal de la Secretaría cambie la visión que tiene de esta institución y de su personal. El AGN tiene que ser visto con ojos nuevos, en primer lugar por la importancia que tiene en la vida de la nación y en segundo lugar porque hay muchas cosas positivas que se han trabajado en años pasados que deben ser reconocidas. Ahora, con personal a mi cargo, desarrollaremos nuevas iniciativas para beneficio de la ciudadanía.

Debemos generar  buenas alianzas con diferentes personas e instituciones, lograr que estas confíen en nosotros y nos entreguen su acervo documental. Las instituciones privadas se están llenando de acervo cultural que debería ser nuestro. No digo que debamos ser egoístas con otras organizaciones, pero mucha documentación histórica está en manos privadas cuando debería de ser del Estado. Lo ideal es que lo que es de interés nacional esté en nuestras manos.

Por otra parte, vamos a continuar digitalizando los fondos para conservarlos y que no se pierdan. De igual manera, queremos crecer en procesos de organización documental. Para esto último, buscaremos alianzas con el mundo de las universidades para avanzar lo más pronto posible. En ese sentido, vamos a promover un modelo multiplicador, desafiando a las universidades para que adopten fondos para organizarlos como parte de sus propios proyectos de investigación. Con la dirección adecuada de nuestro personal, esta dinámica  podrá acelerar los procesos para los años venideros.

Cada año los fondos se deterioran. No es posible que, por falta de recurso humano, una persona tenga a cargo la organización documental de cien años de historia, si la producción de cada año histórico les puede tomar hasta un año laboral en completarla. Una sola golondrina no hace verano. Creemos firmemente que al unificar esfuerzos vamos a resguardar y valorar nuestro patrimonio documental.

¿Recibió comentarios por su nombramiento?

He percibido un ambiente de satisfacción en muchos colegas investigadores, no necesariamente porque sea yo el que está asumiendo esta responsabilidad sino porque es bueno que finalmente exista un nuevo director, en la esperanza de contar con una cabeza que dirija de mejor manera el destino del AGN, especialmente porque mi experiencia en la investigación influirá en mis esfuerzos para posicionar de mejor manera este ente del Estado.

¿Cuál es su mensaje?

A la Secultura, que aprendan a vernos con otros ojos, que el paradigma que han generado hacia el AGN pueda ser reexaminado. Nosotros vamos a intentar cambiar esa percepción visibilizándonos por medio de un trabajo bueno, haciendo cosas diferentes.

A la población, a que se acerque a conocer la historia de nuestro país, que se incorpore en ese mundo maravilloso la historia nacional, porque haciendo memoria construimos un mejor país.

 

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