El Premio Nacional de Cultura es el más alto galardón que confiere el Estado salvadoreño a personalidades o asociaciones nacionales que han sobresalido en diversas ramas del quehacer artístico y cultural en nuestro país.

Desde el año 1976, el Estado salvadoreño ha otorgado el Premio Nacional de Cultura a 35 personajes o entidades que aportaron significativamente a nuestro país desde diversas ramas, como: Literatura, Ciencias, Historia, Pintura, Teatro, Música, Escultura, Cerámica, Fiestas y Mancomunidades tradicionales, Caricatura, Artesanía, Danza, Cine, Fotografía.

En los últimos dos años, el Ministerio de Cultura ha seleccionado expresiones culturales y artísticas poco consideradas, por diversas razones, en las altas esferas honoríficas. Así, en el año 2016, premiamos a la entidad exponente de la música popular de mayor trascendencia en nuestro país, a criterio del jurado calificador. El año pasado, 2017, entregamos el máximo galardón a un sobresaliente profesional de la fotografía documental.

Ahora, venimos con la misma pauta. Por ello, en esta ocasión vamos a enfocar una práctica de intervención cultural que resulta muy delicada en un país como el nuestro. Nos referimos a todo lo que tiene que ver con el patrimonio cultural, histórico y natural de nuestra nación. Todos aquí sabemos que este tema ha venido derivando paulatinamente hacia un tratamiento laxo con relación a la legislación vigente. Todos aquí sabemos cómo el reciente y aún no concluido caso del sitio arqueológico de Tacuscalco, ha remecido a los más altos niveles de las instituciones que, de una u otra manera, la ley obliga a intervenir en estos asuntos.

Durante sus 42 años de vigencia, el Premio Nacional de Cultura ha visibilizado este delicado quehacer cultural únicamente en dos ocasiones: En el año 2001, el más alto honor cultural fue concedido a la Asociación del Patrimonio Cultural de Santa Ana (APACULSA), por su trabajo de restauración y conservación de la magna estructura arquitectónica plasmada en el Teatro de Santa Ana. Y, en el año 2010, el antropólogo y lingüista, doctor Jorge Ernesto Lemus, fue reconocido con el máximo galardón por su tenaz y profesional trabajo a favor de la preservación de la lengua náhuat en nuestro país.

Este año entonces, por tercera ocasión en 42 años, en el Ministerio de Cultura decidimos poner la mira en el patrimonio cultural y natural de nuestro país, con la determinación de que, en esta oportunidad, el acento fuese colocado sobre el quehacer investigativo en la materia.

Fue así entonces que el jurado calificador designado para este año, reveló en su dictamen la decisión de premiar al arqueólogo salvadoreño Federico Alejandro Paredes Umaña.

No voy a realizar aquí un panegírico destacando todas las virtudes académicas y profesionales que el doctor Federico Paredes ha acumulado en los últimos 20 años, periodo sumamente fructífero en materia de investigación arqueológico-histórica no solo en nuestro país, sino en otras latitudes.

Quiero destacar acá únicamente ciertos hitos valorativos que me hacen sentir satisfecha con la selección que el jurado tuvo a bien dictaminar, confiriéndole el Premio Nacional de Cultura a la Investigación del Patrimonio Cultural y Natural al arqueólogo, doctor Federico Alejandro Paredes Umaña.

Federico Paredes ha contribuido con su trabajo a visibilizar y a revalorar un nuevo ícono representativo de nuestra identidad salvadoreña, tanto a nacional como internacional: Las Cabezas de Jaguar. El Salvador puede ahora distinguirse en el concierto internacional como “La tierra de los jaguares monumentales”. Podemos sentirnos ahora más orgullosos de nuestra forja identitaria, sabiendo que nuestro pueblo lleva en su sangre la majestuosidad y el arrojo del jaguar.

Por esta razón, este nuevo ícono identitario, una vez elevado a la dignidad de los grandes pueblos, ha sido incorporado durante la actual administración del presidente Salvador Sánchez Cerén al paisajismo, a los conjuntos escultóricos y a la arquitectura monumental nacional. Los principales proyectos urbanísticos impulsados por el Ministerio de Obras Públicas dan fe de ello: Paso Doble Nivel Redondel Masferrer y el Paso Multinivel Rancho Navarra, denominado El Salto del Jaguar, se suman a esta dignificación e incorporación a la vida pública del legado de los pueblos originarios de El Salvador, asumiendo el producto de la labor investigativa del arqueólogo salvadoreño que hoy homenajeamos.

La práctica investigativa de Federico consistente en la puesta en valor de los hallazgos arqueológicos ya mencionados, en coordinación con las fuerzas sociales e instituciones gubernativas locales, nos arrojan una nueva visión acerca de la investigación arqueológica, antropológica, histórica y cómo debe procederse para garantizar la restauración, el cuido y la conservación de nuestro patrimonio cultural en el siglo XXI.

Por esta razón, terminaré este discurso de ocasión con una propuesta orientada a ubicarnos en sintonía con esta nueva visión del patrimonio cultural, su conservación y resguardo desde la institucionalidad del Estado salvadoreño.

Entre las facultades que conlleva el rango gubernativo ministerial se encuentra una muy importante y es la que consigna el Art. 133, inciso segundo, de nuestra Constitución de la República, el que en su texto dice: “Tienen exclusivamente iniciativa de ley… El Presidente de la República por medio de sus ministros”.

El Caso de Tacuscalco en el presente año, nos ha dejado lecciones importantes, pero también el actual Premio Nacional de Cultura nos está señalando nuevas rutas para abordar este tema desde el Estado salvadoreño.

Por todo ello, en esta última etapa de nuestra gestión ministerial nos disponemos a ejercer la prerrogativa que nos otorga nuestra Constitución, presentando ante la Asamblea Legislativa dos iniciativas de reforma de ley en el ramo de Cultura:

1) La primera reforma concierne a la Ley de Cultura, aprobada durante la actual administración presidencial, y se refiere a un punto sumamente importante: El reconocimiento de la herencia afrodescendiente como la tercera fuerza forjadora de nuestra identidad salvadoreña.

Más concretamente, es necesario que se introduzca en el capítulo y sección correspondiente en el cuerpo textual de la Ley de Cultura el reconocimiento que sitúa más justamente el tema de la identidad nacional como producto de un proceso de mestizaje en el que han confluido, de manera determinante, tres grandes vertientes étnicas, culturales e históricas: La peninsular europea, la originaria mesoamericana y la afrodescendiente.

La segunda iniciativa de ley que encaminaremos hacia el primer órgano del Estado será un planteamiento de reformas sustanciales a la Ley Especial de Patrimonio y a su reglamento. Para ello, durante esta última etapa de nuestra gestión ministerial, procederemos a realizar un estudio exhaustivo e integral que nos permita proponer, de manera técnica y responsable, un esquema de reformas sustanciales a la Ley Especial de Patrimonio y su reglamento.

Muchas cosas han evolucionado desde la promulgación de la Ley Especial en 1993 y la aprobación de su reglamento en 1996. La práctica de estos casi 30 años de vigencia de legislación especial en materia de patrimonio nos lega un reconocimiento de puesta al día en la legislación de esta materia.

De manera pues que, con la entrega del Premio Nacional de Cultura en este año, y con las iniciativas de ley que nos proponemos impulsar el próximo año, reafirmamos la ruta de potenciar aún más el compromiso que este gobierno, presidido por el profesor Salvador Sánchez Cerén, ha sostenido hacia la investigación, gestión, promoción y defensa del patrimonio cultural y natural de la nación salvadoreña.

¡Muchas gracias!