La Dirección de Patrimonio Cultural Inmaterial (DPCI) de la Dirección General de Patrimonio Cultural y Natural del Ministerio de Cultura, junto con la Comisión Nacional de la Micro y Pequeña Empresa (CONAMYPE), la Mesa de Desarrollo Artesanal y la Alcaldía Municipal de Quezaltepeque, La Libertad, se reunieron con el sector artesanal de las flores enceradas el 25 de julio de 2019, en el Museo del Ferrocarril.

“El objetivo es contribuir a los avances para lograr la declaratoria de las flores enceradas, para que sea reconocido el oficio como un bien cultural  que comienza como una característica de la cultura inmaterial que se ve manifestada por las tradiciones de un hecho artesanal vivo,  que se elabora de generación en generación, tiene una fuerte presencia en el comercio y ha provocado el empoderamiento en un sector organizado que va en crecimiento”, dijo Danilo Villalta, jefe del Centro de Desarrollo Artesanal de CONAMYPE.

Se hizo un recuento de todo lo que se ha avanzado en el proceso de declaratoria, como entrevistas y llenado de fichas sobre el proceso de elaboración de las flores enceradas: Obtención de materia prima, cortado, teñido, armado, encerado, etc., del oficio que podría tener más de cien años, según lo ha constatado en una de las fichas la artesana Virginia Orellana, de 66 años.

En otro paso más, se procedió a identificar las medidas de protección y salvaguardia con la participación del sector artesanal, compuesto en su mayoría por mujeres, quienes manifestaron que ven como amenazas a la tradición la introducción de flores chinas y que los jóvenes no quieren aprender el oficio, a pesar de que muchas familias —unas 156— viven de este trabajo, por lo que coincidieron en que es necesario organizarse para conservar lo que creen es patrimonio cultural de Quezaltepeque y fuente de empleo de muchas personas.

Michelle Gómez y doña Lidia Gómez.

“Mi bisabuela Lidia de Gómez, de 94 años, empezó el negocio de la familia y le fue enseñando a mi abuela, a mi mamá y así nos fue pasando la enseñanza a nosotros. Aprendí con ella lo de la flor artificial, puedo encerar y ahorita estoy aprendiendo a hacer coronas”, contó Michelle  Gómez, quien agregó que su familia tiene un taller que da trabajo a unas veinte personas.