*Ilustración por Alicia Zaldaña

El descubrimiento de la cerámica elaborada por los pueblos de la Mesoamérica prehispánica —de la cual El Salvador formó parte—  nos ha permitido conocer el tiempo y la forma de vivir de nuestros antepasados.

La cerámica era parte importante en la vida cotidiana. Se usaba para cocinar, comer, almacenar granos, honrar a los dioses o enterrar a los muertos, lo cual a veces se hacía en grandes ollas de barro y acompañados de ofrendas, entre las que se encontraban objetos de cerámica.

“Algunas piezas prehispánicas pueden considerarse como obras de arte en nuestra contemporaneidad. En ellas podemos encontrar piezas únicas con formas estilísticas, simbologías y representaciones gráficas por medio de figuras abstractas  interpretadas de su entorno y de la cotidianidad. Vemos belleza en las formas, en los colores, en los trazos sueltos que hacían, en cómo representaban un rostro o el movimiento de una mano. Una pieza cerámica es como un lienzo sobre el cual se expresó una época determinada”, dice el ceramista Henry Sermeño.

Según Sermeño, se ha encontrado cerámica “finísima”, la cual se piensa era elaborada en pequeños núcleos artesanales formados por familias que transmitían la tradición de generación en generación, de la misma manera que ocurre hoy en día con cerámica como la de Guatajiagua, en Morazán, o la de San Juan El Espino, en Ahuachapán, en donde existen varios núcleos familiares elaborando el mismo tipo cerámico.

Entre la variedad de formas encontradas hay figurillas de animales y personas, platos, cuencos, incensarios, sahumadores y esculturas que representaban a sus dioses.

Conozcamos algunos de los estilos, descritos por la arqueóloga Claudia Moisa, del Museo Nacional de Antropología Dr. David J. Guzmán, donde se exhibe parte de la Colección Nacional de Arqueología:

 

Usulután: Este estilo fue producido entre el 500 a. C. y el 300 d. C. Los primeros descubrimientos se realizaron a mediados del siglo XX, cuando fue encontrada en grandes cantidades en la zona de Usulután, razón a la cual debe su nombre, pero se ha descubierto que es originaria de Chalchuapa. Su característica decoración “negativa” combina los colores crema y naranja a manera de líneas onduladas o rectolineales.

 

Copador: Fue producida entre el  600 y el 900 d. C. Su nombre proviene de la combinación de las palabras “Copán” y “El Salvador”,  ya que su distribución abarca el occidente de Honduras y el centro y occidente de El Salvador. De Copador se han encontrado cuencos, vasos y frascos en sitios del centro y occidente. Los colores dominantes son el rojo, negro, naranja y amarillo sobre una base crema. En su decoración destacan figuras derivadas de glifos mayas y formas humanas conocidas como “nadadores”.

 

Gualpopa: Este estilo fue producido entre el  600 y el 900 d. C., y está  estrechamente relacionado con el estilo Copador, con el que comparte la base crema y los colores. La diferencia radica en que el color rojo del Gualpopa no está hecho a partir de la hematita especular y los motivos decorativos son mucho más sencillos: destacan las figuras derivadas de los glifos mayas o seudoglifos.

 

Plomizo Tohil: Fue producida entre el 900 y el 1200 d. C. Debe su nombre al tono plomizo del color oscuro de la superficie. Las formas más comunes son vasos y cuencos cilíndricos y cónicos, así como algunas estatuillas. Es muy común la decoración en efigies de formas humanas y animales. La apariencia de acabado es vidriada y es trabajada en los colores castaño oscuro, naranja oscuro y negro. Se le relaciona con las migraciones nahuas ocurridas en este periodo.

 

Polícromo Nicoya: Su producción se realizó entre el 800 y el 1200 d. C. Su nombre proviene de la región arqueológica de la Gran Nicoya,  que comprende los territorios de Nicaragua y Costa Rica, de donde es originaria. En nuestro país se han encontrado cuencos de base redondeada, soportes huecos, vasos cilíndricos y cónicos, a menudo con decoraciones de efigie. Los colores que presenta son rojo, negro y amarillo. Es un producto relacionado con las culturas pipiles.

 

Salúa: Fue producida entre el 600-900 d. C., su nombre se origina por la zona donde ha sido encontrada: El Valle de Ulúa, en Honduras, y en El Salvador en sitios como Quelepa, Tazumal y el Cerrón Grande. Los primeros reportes de esta cerámica datan de 1943, cuando Stanley Boggs la descubrió en sitios de Cuscatlán y La Unión. El término Salúa fue acuñado por Boggs en los años 60. Se caracteriza por su color anaranjado intenso, decorado con detalles en color negro, motivos zoomorfos y personajes ataviados. Su uso era ceremonial, se le ha encontrado en ofrendas pero no en contextos domésticos.