Cisneros en la excavación de un esqueleto del perezoso gigante Eremotherium en el Tomayate.

“El gran espesor del sedimento que cubre los fósiles del Tomayate indica que llegaron hasta allí por una fuerte corriente de agua. La evidencia nos dice que los vertebrados ya estaban muertos cuando fueron cubiertos por el lodo, porque la mayoría de los huesos estaban separados entre sí”, dice el Dr. Juan Carlos Cisneros, profesor e investigador de la Universidad Federal de Piauí, Teresina, Brasil, sobre la formación del yacimiento paleontológico más grande de Centroamérica.

El paleontólogo salvadoreño fue parte del equipo —del Museo de Historia Natural de El Salvador (MUHNES)— que investigó el sitio entre 2001 y 2003, tras el hallazgo fortuito de un molar de mastodonte hecho por don Teófilo Reyes en 1999, a orillas del afluente, según narra en su libro “Los fósiles del Tomayate”.

Toxodonte, mastodonte y gliptodonte. Ilustraciones por Juan Carlos Cisneros

Cisneros explica su teoría de la formación del yacimiento de más de 250 mil años de antigüedad, donde se encontraron fósiles de mastodontes, toxodontes, lobos, perezosos gigantes, osos de cara corta, felinos dientes de sable, caballos, llamas y armadillos gigantes.

“Lo más seguro es que lo que encontramos sean los restos de varias carcasas que estuvieron expuestas en un llano aluvial por semanas o meses a la intemperie, y que fueron desarticuladas por otros animales o la erosión, antes de que una catástrofe natural provocara la corriente de agua y lodo que los cu­brió, que no fue producida por el río Tomayate, pues este hubiera dejado en los estratos del sitio huellas como piedras de río entre los fósiles”, explica Cisneros, quien no cree que el río existiera para esa época.

La numerosa presencia de huesos grandes y la ausencia de pequeños en el yacimiento hace suponer que solo los de gran peso y porte fueron capaces de resistir el flujo del agua y permanecer en el lugar.

Molares de mastodontes encontrados en Tomayate.

“La especie más numerosa y de gran tamaño en el Toma­yate es el mastodonte Cuvieronius tropicus y son también bastante numero­sos los restos del perezoso gigante Eremotherium. Los restos de estos dos mamíferos constituyen más de la mitad de los miles de fósiles encontra­dos en el sitio. El animal más pequeño encontrado es el conejo Sylvilagus, del cual solo se descubrió una pelvis”, indica el también autor de la mayoría de ilustraciones del libro.

El Tomayate conserva los registros de al menos dos de estos eventos de inundación ca­tastrófica, pues se observan dos estra­tos de huesos y lodo. Mucho tiempo después, movi­mientos tectónicos crearon una falla geológica por la cual ahora corre el río cuya erosión dejó al descubierto las camadas ricas en fósi­les que podemos apreciar, puntualizó Cisneros.

El Dr. Cisneros durante su ponencia en el X Congreso Latinoamericano de Paleontología realizado del 4 al 8 de febrero en San Salvador.

Juan Carlos Cisneros es profesor en el Centro de Ciencias de la Naturaleza de la Universidad Federal de Piauí, Teresina, Brasil. Doctor en ciencias de la tierra por la Universidad de Witwatersrand, Johannesburgo, Sudáfrica. Su libro “Los fósiles del Tomayate”, puede ser descargado gratis en el siguiente enlace https://ia800602.us.archive.org/18/items/Tomayate/Tomayate.pdf