El maestro Santiago Niño Morales es docente e investigador en economía, política y gestión de la cultura, así como especialista en educación y pedagogía musical, con maestría en Gestión Cultural por la Universidad de Barcelona, España, así como en Gerencia y Gestión Cultural, por la Universidad de Rosario, Colombia.

Esta semana se encuentra de visita en el país para hacer intercambio de conocimiento con la Comisión para la Fundación del Instituto Superior de las Artes de El Salvador (Comisartes) de la Secretaría de Cultura de la Presidencia, que arrancó con un taller para los miembros del equipo multidisciplinario que ha trabajado el tema curricular del instituto.

Actualmente, Niño Morales es decano de la Facultad de Artes de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas de Colombia y visita el país en el marco del proyecto de cooperación Sur-Sur Fortalecimiento Institucional y de Políticas Públicas para la Formación Artística y la Convivencia Social, que involucra al Ministerio de Cultura de Colombia y a Secultura.

El viernes 28 de julio, el especialista colombiano compartirá la experiencia de la Facultad de Artes, que él preside, a través del conversatorio abierto con el tema “Gestión académica de las artes en instituciones educativas de nivel superior desde el contexto internacional”.

 

¿Usted tenía antecedentes del proyecto de la educación superior en El Salvador, antes de esta visita?

Sí, el año pasado tuvimos un encuentro formidable, muy enriquecedor, en la ciudad de Bogotá, donde nos acompañó Aida (Bernal) y Alejandro (Lemus), y donde pudimos conversar sobre los elementos iniciales de la propuesta.

En aquel instante estaba sobre todo alrededor de generar unas alternativas de formación superior en las artes de, llamémoslas así, de mayor implicación en el desarrollo académico de las artes: danza, teatro, música y artes plásticas.

Sin embargo, hubo unos desarrollos muy interesantes durante los últimos meses, de los que me he enterado a mi llegada, que redimensionan la propuesta y la colocan en un lugar muy interesante. Primero, dándole prelación a unos niveles de formación que están en perspectiva de doctorado y tecnológicos, lo cual implica una respuesta razonable y necesaria a las condiciones que hay en el país y que provienen de un diagnóstico muy juicioso que se hizo al respecto, para generar una segunda etapa, posterior, que podemos en todo caso implementar o fortalecer de muy distintas maneras, de modo simultáneo, en donde ya se resuelva el problema de la titulación profesional universitaria en las artes.

Me pareció muy interesante el que hubiera esta diversificación de objetivos y que se pudiera, de esa manera, expresar atención importante a las condiciones presentes, mientras no se desatienden aquellas que son de mediano y largo plazo.

 

¿Cuál es su objetivo a la hora de intercambiar con este primer grupo de especialistas?

Yo creo que el objetivo fundamental es que podamos hacer un intercambio, una retroalimentación de la propuesta, a partir de las experiencias del caso colombiano en distintos contextos, tanto del sector educativo como  cultural. Ahí tenemos unas trayectorias que pueden significar un aporte a este momento de diseño de la propuesta.

Me interesa de modo muy importante desde mi perspectiva el lograr una comprensión de las dinámicas que han hecho posible el proyecto, desde la manera como se ha organizado el sector para buscar una solución integrada a sus necesidades y cómo se relaciona con el desarrollo institucional previsto en el plan de gobierno y otros instrumentos de desarrollo general de la nación, en donde Isartes ha encontrado posibilidad de vincularse y de anclarse. Esto representa para mí algo importante porque implica las maneras como el proyecto está contemplando no solamente necesidades sectoriales sino necesidades nacionales en desarrollo de largo plazo. Esto es importante porque desde mi lugar en la universidad, la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, estaríamos muy proclives, muy interesados en explorar las formas de cooperación académica a las que hubiere lugar para contribuir a ese propósito.  

Nosotros desde nuestra experiencia en la Facultad de Artes pudiéramos trabajar de distintas maneras en que la iniciativa tuviera posibilidades de reforzarse desde el punto de vista de la formación, de investigación, de proyectos académicos, cooperación y muchos otros en los que para nosotros es significativo e importante la experiencia en El Salvador.

 

¿Cuántos años tienen ustedes como institución en la formación en artes?

En la Universidad Distrital tenemos un proceso que puede remontarse a las primeras escuelas de formación artística que la ciudad abrió en los años treinta y cuarenta del siglo pasado. En ese contexto, se dieron con los recursos de la ciudad las primeras experiencias de formación artística. Fue un proceso muy largo por el cual estas escuelas, que estaban dispersas, se organizaron y unificaron en torno a lo que fue la Academia Superior de Artes de Bogotá, esto en los años noventa.

La Academia Superior de Artes de Bogotá integra estos desarrollos de formación para poder dar un paso a lo que en ese momento era una reivindicación fundamental del sector cultural, de la ciudad y del país: la titulación superior universitaria. Para dar ese paso, la Academia Superior de Artes de la ciudad se integra como Facultad de Artes de la universidad de la ciudad, que es la Universidad Distrital. Eso hace diez años.

Nosotros, recién el año pasado celebramos esos diez años de incorporación a la institución universitaria como Faculta de Artes y desde ese momento hasta ahora es que hemos tenido las capacidades, las condiciones para generar los procesos de titulación superior universitaria, que en su momento fueron producto de una larga lucha del sector artístico por tener lugar en el desarrollo profesional del país.

Los programas fundacionales fueron música, teatro y artes plásticas con la relativamente reciente incorporación del programa danzario, en 2011, que constituye el primer programa de titulación superior universitaria en danza del país.

También nuestro posgrado, nuestra Maestría en Estudios Artísticos, primera oferta de titulación  posgradual que también fue una conquista importante del sector artístico cultural de la ciudad y el país. Tenemos perspectiva de abrir el doctorado el próximo año, con lo cual completaremos todos los ciclos de formación universitaria e incluyendo aquellos de desarrollo de investigación, que son extremadamente urgentes y necesarios para la ciudad y el país.

Queremos trasladar esta experiencia y buscar los mecanismos de cooperación para que El Salvador cuente con estas posibilidades que podemos compartir, y de esa manera profundizar y lograr en el menor tiempo posible un muy robusto sistema de formación en artes para El Salvador.

 

¿Esa es parte de la experiencia que usted va a compartir en el conversatorio?

Correcto. Consideramos importante tener una amplitud de estas experiencias, de modo que podamos identificar los distintos modos de cooperación, que los hay en muy distintos órdenes.

El viernes podremos hablar, seguramente con interlocución amplia y diversa, sobre estas distintas maneras en que hemos previsto las formas de cooperación.  

 

¿Cómo concilia su formación en economía con la pedagogía musical y artística?

Los procesos artísticos y culturales tienen una impronta económica. Las maneras como participamos de la vida económica son estructurados, son conformados, por los entornos familiares y escolares, así que nuestra participación en la cultura transita por unos escenarios importantes, que son los que a mí en lo particular más me interesan, que hacen posible la cultura a partir de las maneras como alrededor de ella producimos, distribuimos, consumimos o creamos, circulamos y apropiamos.

La cultura no ocurre en una situación abstracta. La cultura ocurre en unas condiciones que le dan una presencia y materialización en la vida social. Además, esto ocurre no de forma espontánea. Nos involucramos en ello por vía de varios escenarios que son muy importantes de considerar: El familiar, social y el educativo. El educativo es especialmente importante porque nuestra estructuración de las demandas, nuestras formas de participación en la vida mucho dependen de las formas como se da la experiencia de contacto con el arte y la cultura en la escuela. Ahí se dan aspectos que sean favorables para un vínculo importante con el arte y la cultura, generaremos una oportunidad de involucramiento del niño, del joven, en el arte y la cultura de modo importante, significativo, no solamente desde consumos pasivos sino activos, involucrado en la creación y en el despliegue de sus capacidades artísticas, sea o no artista, es decir, como ciudadano.

Este entrecruzamiento de distintas formas como la cultura tiene lugar en las sociedades son las que más me han interesado durante este periodo que constituye mi perfil de investigación, en donde yo principalmente más me ocupo de trabajar y en donde busco desarrollar los aspectos que me parecen interesantes de la cultura y el arte como hecho social.  

 

¿Cómo hace el anclaje con el tema de las industrias creativas, a las que siempre vemos como un reto?

Sí, siempre es un reto, porque el arte tiene un lugar de profunda valoración dentro de lo que han sido las maneras como el artista desarrolla sus capacidades y su propuesta creativa, pero hay que comprender que el arte y la cultura tienen una impronta, una manera en que se manifiestan en la sociedad y eso es de orden múltiple: Socialmente, históricamente, políticamente pero también económicamente.

Al menos hay dos argumentos por los cuales hay que prestarles mucha atención a esto: Lo primero es comprender que cuando hablamos de las industrias creativas y culturales estamos hablando de una multiplicidad enorme de formas de puesta en sociedad del arte y la cultura. No solamente la gran industria. A veces hay un sesgo de interpretación y se cree que es un problema de la gran industria, de los monopolios de los contenidos y medios. Hay múltiples industrias: unipersonales, familiares, micro y medianas, hay formas de asociatividad y cooperativismo, todas ellas son industrias. Así que la cultura debe comprender estas distintas formas en que la organización cultural pone en la sociedad aquello que crea, construye, produce.

No podemos pensar que las propuestas artísticas y culturales no tengan una responsabilidad del Estado. El Estado tiene una responsabilidad y lo tendrá especialmente en aquellas manifestaciones del arte y la cultura donde su posibilidad de desarrollar mercados sean limitadas, y que las hay, pero hay otras que pueden buscar distintas maneras en que se garanticen a sí mismas su posibilidad de circulación y presencia, su autonomía. La organización cultural debe declarar una autonomía y no depender del direccionamiento del recurso público para poder generar su oferta. Esto también tiene que ver con un posicionamiento político.  

Esto lleva al segundo punto: Las maneras como debemos vincularnos con las audiencias y los públicos en este momento están siendo un enorme reto para el arte. Las formas convencionales de contacto, que eran a partir de galería o sala de conciertos, están en una situación que necesitan revisión, porque las grandes audiencias y los públicos están en este momento dispersos, en una multiplicidad de dispositivos y medios y circunstancias muy amplios. Si queremos llegar a las audiencias y a los públicos que consideramos valiosos, desde el punto de vista político, del sentido humano, de nuestra perspectiva sobre lo que debe ser un futuro de sociedad o de país, debemos hacer esas vinculaciones.

Por lo tanto, es necesario hacerse unas preguntas sobre cómo se vinculan las ofertas y las demandas y esto va mucho más allá de los esquemas convencionales. Imaginemos un Estado con recursos absolutamente boyantes y dispuesto a hacerlo todo por la cultura, supongamos que tenemos un espacio, un teatro nacional en donde hay una programación permanente de todas las artes, eso no resuelve el contacto con las audiencias, de hecho hay enormes problemas de contacto con las audiencias y los públicos en los esquemas tradicionales en los que circula el arte. Por lo tanto tienen que imaginarse mecanismos de distribución que pasan por entender que la organización cultural debe tener que resolver su impronta, su perspectiva, su dimensión económica en la vida social.

El conversatorio es abierto a todo público y tendrá lugar en la Sala Lúdica del Museo Nacional de Antropología Dr. David J. Guzmán (MUNA), este viernes 28 de julio, a las 9 a. m.