El Museo de Historia Natural de El Salvador (MUHNES) alberga la Colección Nacional de Paleontología, en la que se resguardan fósiles de animales y plantas que habitaron nuestro territorio hace millones de años, algunas de las cuales se extinguieron hace apenas diez mil años.

“Aquí se almacenan todos los materiales recolectados en todo el tiempo que el museo tiene de existir (casi 134 años). Hay ejemplares que fueron levantados por el Dr. David J. Guzmán entre 1890 y 1910, otros fueron colectados en la década de los 70, por Stephen Perrigo, el fundador de la colección de este museo”, relata el paleontólogo Daniel Aguilar.

Entre los fósiles que la colección posee se encuentran improntas de hojas, insectos, peces, caracoles, mastodontes, osos perezosos, felinos diente de sable, camellos, armadillo gigante y caballo americano encontrados en varios sitios fosilíferos del país, siendo el más grande del río Tomayate, en Apopa.

“Hay una gran cantidad de mamíferos que existieron hace unos tres o cuatro millones de años, hasta algunos invertebrados que son de la época de los dinosaurios, de 50 a 60 millones de años, que también se encuentran almacenados aquí”, dice Aguilar.

Destacan los fósiles de caballo, pues de manera equívoca pensamos que aquí nunca los hubo, que los caballos habitaron el continente al ser traídos por los españoles durante la conquista, y no, dice Aguilar: “De hecho los caballos son originarios de América. Hace 25 millones de años surgen como una especie muy parecida a los gatos, es decir, eran animales muy pequeños, tenían cinco dedos, vivían en los árboles y empezaron a desplazarse poco a poco y a evolucionar hasta las formas que tenemos en la actualidad”.

Arriba: Mandíbula de caballo del tamaño de un gato. Fósil de hace 24 millones de años, procedente de Norteamérica. Abajo: Mandíbula de caballo de un fósil de tres millones de años, encontrada en el río Tomayate, Apopa. El caballo era pequeño como del tamaño de un burrito.

Según Aguilar,  el caballo se extinguió de América hace unos diez mil años por causas desconocidas, “pero ya se habían irradiado por todo el planeta, es decir, que ya habían evolucionado muy bien en otras partes del globo y cuando los españoles vienen solo hacen una reintroducción de la especie”.

Jennifer Benavídez, conservadora y restauradora del taller.

Otros fósiles que llaman mucho la atención son las maderas petrificadas que posee la Colección, como las colectadas en el cerro El Dragón, de Chalatenango, y las improntas de material vegetal, es decir, “las hojas que quedan grabadas en el sedimento que las aprisionó”. Algunas cayeron en sitios que antes fueron cuerpos de agua, como las encontradas en El Paraíso, Chalatenango, o recientemente en Los Cóbanos, Sonsonate.

Para ser parte de la Colección Nacional, los materiales tienen que ser trabajados por el equipo del Taller de  Conservación y Restauración del MUHNES, donde  se limpian y se protegen con selladores para conservarlos mejor. Otras veces, como en el caso de los huesos, se restauran con materiales especiales para dar una mejor idea de la forma de la especie.

La Colección Nacional de Paleontología es consultada por investigadores nacionales y extranjeros, y está disponible para estudiantes y todo tipo de personas que quieran conocerlos. También, se pueden apreciar en las salas del MUHNES.

 

 

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