Una reconstrucción artística del caballo de la especie Equus conversidens tomada del libro “Los fósiles del Tomayate”, del Dr. Juan Carlos Cisneros, nos ayuda a comprender cómo era este equino, que vivió en nuestro territorio hace miles de años.

La prueba fue dada por un casco, una mandíbula y un fragmento del cráneo del Equus conversidens —de más de 250 mil años de antigüedad— descubiertos en 2001, a orillas del río Tomayate, en Apopa, los cuales fueron los primeros fósiles del género encontrados en Centroamérica.

Pág. 63 del libro “Los fósiles del Tomayate”, el cual puede descargar en https://ia800602.us.archive.org/18/items/Tomayate/Tomayate.pdf

El hallazgo fue hecho por el equipo de Paleontología del Museo de Historia Natural de El Salvador (MUHNES). Los fósiles del caballo son resguardados por el museo y se encuentran en un estado de conservación estable, pero cuando fueron recolectados estaban fracturados en muchas partes debido a la mala conservación del sitio.

En su libro, Cisneros, quien formó parte del equipo que investigó el sitio, dice: “El género Equus, al cual pertenece el caballo doméstico, se originó en Norteamérica hace unos cinco millones de años. Emigró a Suramérica, Eurasia y África”. El especialista agrega que esta especie “convivió con los primeros humanos que llegaron a América. Los cazaban y contribuyeron a su extinción hace unos diez mil años”.

Los primeros fósiles de esta especie fueron descubiertos en el valle de México, y posteriormente en el sur de Estados Unidos y El Salvador. Aclara el paleontólogo que “los caballos que existen hoy en América no son descendientes de los que habían antes en el continente, sino de los que trajeron los españoles”.

Pág. 64 del libro “Los fósiles del Tomayate”, de Cisneros, autor también de la ilustración de portada.

Evolución del caballo

Según el MUHNES, los caballos son originarios de Norteamérica, donde aparecieron hace millones de años. Sus formas eran muy parecidas a las de los perros y gatos de la actualidad, eran trepadores y tenían cinco dedos que les ayudaban a subirse a los árboles y vivir en ellos.

Con el paso del tiempo y debido a los cambios del clima y la flora —de la que se alimentaban—, comenzaron a bajar de los árboles y a vivir en los bosques, lo que los hizo crecer un poco más y alcanzar tamaños como el de un perro pastor alemán.

Hace unos dos millones de años, los caballos tenían el tamaño de un burro. Su adaptación los llevó a perder todos los dedos de las patas y, cuando comenzaron a habitar en las sabanas abiertas, sus dedos se fusionaron en uno conocido ahora como casco o falange ungular.