El encontrar una pieza musical que nos muestre el reflejo de una época es algo que no pasa muy seguido, pero cuando pasa, es necesario que se le aprecie como una herencia histórica.

Por eso, la directora nacional de Artes, Teatros y Espacios Escénicos de la Secretaría de Cultura de la Presidencia, Marta Rosales, habla de la investigación ejecutada por el equipo de “Pro música Histórica”, donde se descubrió el manuscrito de una misa en re mayor, dedicado a la virgen Santa Lucía; compuesto en 1932 por el suchitotense, Jesús Santamaría Galán.

El equipo de “Pro música Histórica” está conformado por el ingeniero, músico y compositor, Ángel Duarte; la musicóloga Marta Rosales y el copista de la Orquesta Sinfónica de El Salvador, Walter Oseguera.

Su trabajo es el único medio que puede reproducir herencias a través de la música; logrando de una manera pura y transparente, el recordar la esencia de quiénes somos y de dónde venimos.

Con un tono de voz profundo, Rosales confiesa que el análisis de esta composición le provocó “viajar al pasado” al reconstruir mentalmente ese momento de la histórica que se encuentra presente en cada una de las liricas que la componen; según ella, es una pieza que despierta muchos sentimientos.

Asimismo, comenta que el mayor anhelo del equipo es lograr que el público se interese por conocer el pasado a través de la música, pues es un fenómeno histórico y sociológico que se debe  disfrutar y difundir.

Por tal razón, la directora Rosales compartió con la Dirección de Comunicaciones de Secultura, todos los detalles acerca de cómo sucedió la afortunada coincidencia que permitió comenzar con el trabajo de investigación y análisis de dicho manuscrito.

¿Cómo nace la idea de llevar a cabo la investigación?

Inició cuando el compañero fundador de Pro música Histórica, Ángel Duarte, junto a su esposa hicieron un viaje familiar a Suchitoto. Allí conoció a don Rafael Alas, el propietario del manuscrito; quien amablemente accedió a prestarlo para que lo trabajáramos.

Cuando el manuscrito llegó a nosotros y vimos que data de 1932, nos dimos cuenta del tesoro histórico que teníamos en nuestras manos; fue ahí que decidimos proceder con todo el trabajo para lograr su reconstrucción.

¿Qué implicó el proceso de reconstrucción del manuscrito?

Implicó mucho trabajo. La reconstrucción la tuvimos que realizar casi que con lupa, pues el papel se encontraba bastante dañado; fue un trabajo minucioso que hizo Walter Oseguera, desde su experiencia logró levantar la partitura a partir de ese manuscrito deteriorado; entonces, a partir de eso, generamos una Maqueta Midi, una herramienta que nos permitió crear la partitura de forma digital, para luego hacerla sonar con los bancos de sonidos que posee; esa maqueta me sirvió para hacer el análisis de la partitura.

Fue con eso que descubrí varias tendencias estilísticas muy interesantes que el compositor Jesús Santamaría Galán usó para lograr lo que transmite la pieza.

Al término de la reconstrucción pudimos contemplar una misa a dos voces con una tonalidad completamente única.

¿Cuál es el contexto histórico que guarda la pieza?

Es uno muy interesante, pues es un contexto histórico de finales de los años 30’s, pero con un lenguaje musical que se puede relacionar más con el siglo XIX.

Su estilo, más que recordarnos  a la música religiosa, nos recuerda a la opera y la zarzuela, que paradójicamente son géneros profanos, lejos de lo religioso.

Y es que en esa época la ciudad de Suchitoto florecía económica, artística y socialmente; había bandas que hacían uso de instrumentos de viento, metal, madera y percusiones; por lo tanto, Santamaría acopló a ello su composición.

Eso es lo que hace más interesante la pieza, pues la envuelve de un estilo un poco desenfadado, no muy solemne ni serio, como usualmente son las misas; pero así eran, así sonaban y así se creaban las composiciones de esa época.

¿Qué  provoca el escuchar la composición casi dos siglos después de su creación?

Pues yo no esperaría que provoque un sentimiento en específico, sino que provoque su interés, curiosidad y  aprecio; y que se reconozca como un patrimonio de todos los salvadoreños.

A pesar de haber sido compuesta hace más de 80 años, su discurso sigue siendo coherente y actúa como una ventana para que nos podamos asomar y ver cómo se hacia la música en esa época.

En la actualidad, son temas de los que se habla poco y quizá para alguien que no sea músico esto a simple vista no le dice mayor cosa, pero cuando la pieza suena automáticamente, nos trasladar a otro momento de la historia.

En su momento, ¿qué brindaba a la sociedad la creación de este tipo de piezas?

Principalmente marcaba un precedente en la historia, pues como toda pieza musical estaba hecha para transcender en la posteridad del tiempo, esto abonaba en la formación de la identidad de cada salvadoreño.

Se convirtió en una pieza valiosa en muchas formas: por un lado, valiosa para la comunidad católica por la significación eucarística que posee en su iglesia;  mientras que para el mundo musical, es valiosa por formar parte de un esfuerzo titánico, lleno de mucha complejidad por todos los elementos que incluye.

Su compositor sabía lo que podía hacer y lo explotaba, finalmente obtuvo una pieza histórica con segmentos memorables, con melodías bien estructuradas y herederas de un carácter lirico teatral.

Tras el paso de los años, ¿por qué se dejó de hacer composiciones así?

Tiene que ver con muchos aspectos;  por una parte,  aspectos formativos y económicos, pues dedicar meses o años a la creación de una pieza casi nunca es retribuido, o al menos no se recibe la retribución correcta con base al trabajo  creativo realizado;  la crisis económica lamentablemente ha desfavorecido mucho a los compositores, imposibilitando cada vez más su trabajo.

Otro aspecto perjudicial han sido  las carencias académicas y formativas, años atrás eran raros los que podían optar por estudiar una carrera musical, eso limitaba aun más el trabajo de los compositores, pues luchaban con las carencias de formación que el país tenía.

Actualmente, a pesar de que ya hay un avance en ese sentido, todavía no es suficiente. El Salvador siempre ha tenido una riqueza musical muy grande, pero desafortunadamente las limitantes debilitan su fuerza.

¿Qué contribución hacen al país con este tipo de estudio?

A través del trabajo que hemos efectuado como Pro música Histórica, El Salvador obtiene  de un patrimonio cultural tangible  —el manuscrito— e  intangible —la melodía—, que puede ser reproducida las veces que se desee, y siempre tendrá el mismo significado histórico atemporal.

¿Cuánto tiempo duró la investigación?

Fueron aproximadamente seis meses, todo se resume en cuatro fases: la primera, es el trabajo de localización de la pieza, donde se aglutina también el trabajo de campo y las entrevistas para buscar información; la segunda fase fue el levantamiento de la partitura en la maqueta sonora; la tercera fue el análisis y finalmente, la cuarta fue la publicación.

¿De dónde se obtuvo el presupuesto para financiar el trabajo?

Del Centro Cultural de España. Ellos han sido los que nos han apoyado en todo el desarrollo del proceso de investigación y reconstrucción de la pieza; desde un inicio mostraron su interés por  nuestro trabajo  y nos apoyaron monetariamente.

Como Pro música Histórica, ¿qué proyecciones tienen a futuro?

Nuestro anhelo es lograr que la Orquesta Sinfónica de El Salvador junto al Coro Nacional monten e interpreten en un escenario esta partitura, consideramos que es necesario que todo el publico escuche esta magistral composición hecha por Santamaría, de esta manera se lograría reconocer un poco de su talento. Vamos a hacer lo que esté a nuestro alcance para poder hacer realidad ese anhelo.

De igual forma, esperamos que las personas que cantan en orquestas, coros, agrupaciones o en cualquier otro tipo de área; puedan interpretar esta misa, que la convierta en parte de su repertorio. Estamos seguros que mientras más se interprete la pieza, más grande será el alcance de su herencia histórica.