Más de un siglo de historia encierra uno de los teatros nacionales, ubicado en el occidente del país, específicamente frente al parque Libertad y en la cercanía del Palacio Municipal y la catedral de Nuestra Señora de Santa Ana.

Este escenario cultural fue inaugurado el 27 de febrero de 1910, presentando a la compañía teatral italiana Sinibaldi, con la ópera «Rigoletto».

Desde esta época, fue la morada de grandes personalidades, en la que sonaron las exquisitas melodías del vals “Bajo el almendro”, del maestro David Granadino, y los esplendidos acordes de “El carbonero”, de nuestro querido Pancho Lara; también, es el espacio de trabajo de Adán Napoleón Ramos, quien tiene el nombramiento oficial como maestro de obra.

“El teatro, desde 1933, ha sufrido cambios drásticos, forma parte del Circuito de Teatros Nacionales, institución que lo usó como cine. Posteriormente, pasa al Ministerio de Educación (1979) e inicia su restauración en 1987, pero la guerra civil de nuestro país retrasaría este proceso”, dijo Ramos.

Antes de entrar al actual Ministerio de Cultura, Ramos inició como maestro de obra en 1989, con la Asociación del Patrimonio Cultural de Santa Ana (APACULSA), entidad que le había encomendado el proceso de reconstrucción del teatro, inmueble que ya no pertenecía al Circuito de Teatros Nacionales.

“Con APACULSA trabajé varios años, fue un época muy difícil, la guerra civil estaba en su apogeo y no se podía avanzar en los procesos de remozamiento o mejoramiento de este espacio cultural. Luego, fui contratado en CONCULTURA (Consejo Nacional para la Cultura y el Arte)”, rememora Ramos.

El teatro es un inmueble que tiene un estilo ecléctico, por las diversas influencias arquitectónicas: Arcos de medio punto del románico, columnas compuestas del estilo griego, tímpanos del grecorromano, almohadillados y frontones del Renacimiento.

El maestro de obra recuerda: “Ya son 26 años de laborar en este ministerio, inicié en marzo de 1993. Me tocó ver un teatro en ruinas, era un desastre; las ventanas estaban tapadas con plástico, los entrepisos todos sucios pues había sido una sala de cine, había mucho cerumen. Me tocó sacar de la bodega espejos, lámparas y butacas quebradas, llenas de mugre”.

Ramos continúa: “Los techos estaban dañados por el tiempo, había muchas filtraciones que dañaban los lienzo. Cambiamos bigas, costaneras y cuartones; además, lo repellamos y restauramos toda la madera y las molduras de yeso; asimismo, el sistema eléctrico e hidráulico”.

De acuerdo a este maestro de obra, restaurar el teatro ha sido una tarea difícil, pero satisfactoria: “Aquí me siento como en mi casa, paso más de ocho horas diarias, disfruto cada detalle. Muchas personas dicen ‘¡qué bonito está!’, pero lo que hoy visualizan es producto de las manos de quienes trabajamos en este edificio, tanto en carpintería, pintura, mampostería, en administración y en seguridad, entre otras áreas”.

Finalmente, Ramos hizo un llamado a la juventud y a la población en general: “Vengan, véanlo por dentro, conózcanlo para que aprecien lo que tenemos; además, Santa Ana tiene una joya arquitectónica que no existe en otro lugar, es una riqueza que nos dejaron nuestros hermanos y hermanas de  principios de siglo”.

Para las personas interesadas en conocer la historia del teatro, pueden visitarlo en los horarios de 9:00 a. m. a 12:00 m. y, por la tarde, de 1:00 p. m. a 5:00 p. m. El costo de ingreso es de US$1.00 para nacionales, US$1.50 para extranjeros y US$0.50 para estudiantes con carné; niños menores de 12 años y adultos mayores entran gratis.