El escritor salvadoreño Ricardo Castrorrivas llegó al recinto de la Biblioteca Municipal Cuscatlán de San Salvador, para hablar sobre literatura y de su nueva obra denominada “Juglarse la vida”, impresa por la Dirección de Publicaciones e Impresos (DPI).

El conversatorio fue organizado por la Secretaría de Cultura de San Salvador, en el marco de la política de promoción de los escritores salvadoreños, y fue conducido por los escritores Erick Doradea (director de la Biblioteca Cuscatlán) y Mario Noél Rodríguez (director de la DPI).

En la tertulia literaria se revelaron aspectos de la vida de Castrorrivas, quien es considerado un “maestro de la narrativa salvadoreña”; uno de ellos fue su relación con Roque Dalton, Claudia Lars y Salarrué. Asimismo, su incursión en la política, sus orígenes como linotipista y la influencia que le generó la lectura de textos poéticos en su vida laboral.

En relación con la lectura que hacía —por responsabilidad laboral— de cada uno de los textos de los poetas “consagrados”, Castrorrivas señala: “Conocí a Claudia (Lars) y Salarrué en el pasaje Contreras de Mejicanos, donde funcionó la DPI. De todo el conglomerados de obreros que estábamos ahí, el único que leía rígidamente los textos era yo, porque antes que se hiciera la digitación en linotipo, yo tenía que leer las páginas originales. Ahí empece a conocer cómo escribían los clásicos salvadoreños. El primer libro de Claudia Lars que edité fue “Escuela de pájaros”, después leí “Cuentos de barro”, de Salarrué; “Jícaras tristes”, de Espino, entre otros muchos más”.

Con mente muy lúcida y amparado en la prudencia, Castrorrivas no descarta haber tenido una influencia literaria de los “grandes maestros”; Pero también asegura que su amigo Roque Dalton, a quien conoció en México y luego compartió gratos momentos en Cuba, fue quien lo impulsó a ser artífice de su carrera como escritor de poesía y narrativa. ¿Cómo lo impulsó? Retándolo a leer todos los libros que fuesen necesarios para pulir su talento.

Al respecto Castrorrivas recuerda: “Cuando salí de la DPI yo ya escribía poesía en algunos medios de comunicación impresos. Siempre estuve convencido de que a mayor lectura hay mejor escritura”.

Uno de los temas que acaparó la atención del público fue el relacionado con el rol que jugó en la sociedad salvadoreña el grupo literario Piedra y Siglo frente la Generación Comprometida de Ítalo López Valecillos. Su visión parte de las críticas a algunos miembros del grupo de escritores que pertenecieron al grupo de Roque Dalton y el rol ético, histórico y político que jugaron frente a la sociedad salvadoreña.

Según revela Castrorrivas, el nombre Generación Comprometida fue copiado de España, cuando López Vallecillos viajó a ese país. “Era una gran pandilla de compañeros, poetas jóvenes, pero no todos estaban comprometidos. Algunos se comprometieron tanto que terminaron siendo fascistas”, explica Castrorrivas,  aclarando que de este grupo se distinguieron escritores como Manlio Argueta, Roque Dalton, Tirso Canales, Roberto Armijo y Roberto Cea, entre otros cuyo distintivo era escribir poesía dura y ser miembros de un partido político de aquel entonces. En cuanto a Piedra y Siglo afirmó se trata de un colectivo literario que estaba bien cohesionado por sus principios políticos, mismos que les permitieron hacer un poesía tan fuerte como sus antecesores.

Al consultarle sobre el rol que deben jugar los escritores jóvenes en la actualidad salvadoreña, expresó: “Me entusiasma ver que hay nuevas generaciones que están escribiendo buena poesía y, sobre todo, mujeres escribiendo, lo cual en otros tiempos era muy raro encontrar entre la literatura. Esto indica que El Salvador está siempre vivo en la poesía y produciendo nuevas voces”.

El autor recomendó a las nuevas generaciones de escritores que, “aunque se pertenezca a algún colectivo literario, los poetas no deben perder su individualidad y calidad, ya que no se puede hacer un canto general por medio de la poesía”. “El verdadero poeta debe alegrarse en saber que hay otros poetas escribiendo, sobre todo si son mujeres”, señaló.

El conversatorio finalizó con varias lecturas de su libro “Juglarse la vida”, el cual es una de las últimas publicaciones hechas por la DPI, incluida en la colección Orígenes. El ambiente dinámico de la biblioteca Cuscatlán permitió que la actividad literaria se desarrollara con éxito, según manifestaron personas que asistieron al lugar.

Castrorrivas ha realizado diferentes publicaciones, entre las que destacan: “Teoría para lograr la inmortalidad y otras teorías” (cuentos, 1972), un clásico de la narrativa salvadoreña; “Ciudades del amor” (poesía, 1977); “Las cabezas infinitas” (poesía, 1971); y “Puro pueblo” (poesía, 1980). También forma parte de diferentes antologías. Publicó sus primeros poemas en Tribuna Libre, en 1965. En el 2000, obtuvo un lauro nacional con su polémico libro “Palabras de mujer”, audazmente escrito en femenino. En 2001, le premiaron sus “Cuentos niños”, narrativa infantil; y, en 2009, ganó dos premios únicos de poesía con sus libros “Todo amor” y “Terruñeces”.

Bajo el sello DPI anteceden a “Juglarse la vida”, las publicaciones de “Teoría para lograr la inmortalidad”, en la colección Trigueros de León, y “Pajarerías”, en la Colección Infantil.